Zas¡¡¡¡

por Fausto Lipomedes  -  30 Septiembre 2010, 13:31  -  #La crisis

IMG01132Estaba en una comida oficial. Con oficial me refiero a una comida repleta de gente, formal, con chaqueta y corbata y en las que no sabes qué hacer, si prestar atención al pescado o al interlocutor que, con las mismas ganas que tu de estar ahí, te cuenta algo también formal y nada sorprendente. Tomábamos un vino antes de sentarnos a la mesa, besos, sonrisas, apretones de mano.

Me suena el móvil. es un hombre joven, casado, con dos hijos pequeños, uno de ellos con un problema que aún no han sabido diagnosticar y que le provoca angustia, y lo entiendo. Un hombre joven al que han nombrado general manager, CEO, executive manager, o algo así, en España, de una multinacional norteamericana. Un hombre joven al que le gustan los bonsais y los denominados "gadgets", es decir, esa colección de dispositivos personales digitales, electrónicos, asistentes individuales con pantallas táctiles y botoncitos y lucecitas y pantallitas y mensajitos que se disparan, y opciones y configuraciones y una espiral de posibilidades inservibles y absurdas.  

Hola XX, me dide

Hola YY, le respondo, ¿qué tal estás?

Bien, me dice él, y le noto en la voz algo extraño, como si tuviera prisa, como si me llamara desde la terminal de cualquier aeropuerto, corriendo por los pasillos intentando coger un enlace. 

Me pillas a punto de comenzar un almuerzo, pero tengo unos minutos, le digo. 

Nada, me dice el tipo, tardo poco, (hace una pausa), que estoy fuera de XXXXXXXX (su empresa). 

En un primer momento, lo veo lógico. Obviamente no está en la oficina, eso es obvio. Me quedo en silencio esperando más información. No llega el diálogo. 

¿Y?, le pregunto estúpidamente. 

No, que estoy fuera, que ya no trabajo en XXXXXXXXXX. 

¿Cómo? ¿Qué te han despedido?

Pero, ¿desde cuando?, le pregunto sin entender nada. 

Desde esta mañana.

Me empieza a contar que lo veía venir, sus problemas de química con el jefe italiano......., y cómo ya me se esas historias, no dejo de pensar en su situación, en su familia, sus hijos, sus bonsais, su iPAD fabricando en estados Unidos, que había adquirido en Estados Unidos, y del que decía, con el rostro iluminado como un niño pequeño, que la usaba por la noche en la cama, y que no molestaba a su mujer, al lado de su chica leía la prensa, miraba mails, películas, con sus casquitos puestos. Sin aun cumplir los 45. Y mientras me contaba sus hábitos con su iPAD, yo pensaba en las razones por las que no follaba con su chica, y prefería a la estúpida máquina, o en caso de estar poco activo sexualmente, por que no se dejaba abrazar por el sueño.  

El seguía hablando y yo pensaba,en segundo plano, en el agobio que notaba en él durante los últimos meses (call conferences, video conferences, power-point conferences, multiconferences, network conferences, viajes, tanto tormentosos como relámpagos, reuniones, meetings, seminarios, desayunos de trabajo, más reuniones, y esa sonrisa al hablar de su iPAD. Lo imaginaba con sus forecast, sus presupuestos, sus hojas Excell, sus presupuestos. Le oigo en medio de aquellos pensamientos diciéndome que el jefe quería que fuera un látigo con la gente de la empresa, y que él no es así. 

Pienso en él, obviamente lleva razón, es un joven hombre muy barbilampiño, ligeramente rellenito, emite bondad, y esa risita de los niños un poquito raritos con problemas de relación, capaces de vivir intensamente una estrecha relación con una máquina o con un bonsai. 

Estoy perplejo XXXXXX, le digo. Chico, no se que decirte, añado. Y es verdad, no se que decir. Me parece tan irreal. Seguramente España sea un punto en un mapa mundi para alguien en Detroit, en Michigan o en Texas. Un punto al que acariciando suavemente en su pantalla táctil multicolor, se transforma en datos económicos en tiempo real. Cifras que pueden ser rojas o negras. Si son rojas durante más de un trimestre, a la mierda. El yankee que maneja la máquina, normalemnte inculto, volverá a acariciar el punto, y un mensaje instantáneo viajará en el tiempo, pero también real, hasta el mail de otro dispositivo personal de otro ejecutivo europeo con potestad sobre XXXXX. Llamada, viaje a la sede central europea, despido, y al volver, a XXXXX le acompaña un guarda jurado gordo a su despacho a recoger la foto de los niños y el reloj de la mesa. 

Quedo en comer con él la semana próxima. No se como continuar. Intuyo que es un riesgo que asume. Me dan ganas de preguntarle sobre su iPAD, pues es el tema sobre el que he notado más intimidad a la hora de hablar con él. Creo que no es apropiado. Le cuelgo. me incorporo al grupo de la gran mesa con una estúpida sonrisa en los labios. Soy incapaz de asumir tantas cosas a la vez. No hay tiempo de pensar en ellas. Las cosas ocurren tan rápido que no se puede profundizar en ella, sólo navegamos sobre ellas, volando.

Empieza la comida. Un cínico obsesionado con decir cosas empieza a hablar. Ya me lo se, más de lo mismo. Mi móvil está sobre el mantel. Lo agarro casi con violencia para que el resto de los comensales se den cuenta de mi movimiento. No me llama nadie, pero simulo que si he tenido una llamada. Lo llevo a mi oreja, digo "sí" en voz bajita. Nadie se mosquea. Me levanto simulando que es una llamada importante,  salgo del salón, respiro, me voy al cuarto de baño y respiro. Me lavo la cara, me miro en el espejo, me sonrío a mi mismo, pensando en la locura que invade todo, en lo absurdo de todo, pensando en cuando acabará, en cuando se detendrá, en volver a la sala, en retomar la dinámica del absurdo, como una marioneta, sin más vida que que la que la propia vida, esa loca, te quiere dar. 

 


 

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