Una idea

por Fausto Lipomedes  -  7 Abril 2011, 23:46  -  #Nueva etapa


IMAG0024Hoy he conocido a un tipo. En mi trabajo conozco a muchos, y unos me llaman la atención más que otros. Hay reuniones más creativas que otras y ahora, las necesito creativas, es una especie de droga en vena que me permite sedarme y olvidar la pesadumbre que me embarga.

 

El tipo tiene en torno a 32-34 años, estatura mediana, en torno a un metro setenta y pocos centímetros, rellenito, desde lejos parece mayor de lo que es en realidad, porque su pelo y su barba le ocultan su cara. Una buena mata de pelo oscuro, sin peinar, una barba tupida, enorme, como la de un gigante de cuento infantil. El tipo es músico y quiere que le ayude en el lanzamiento de un disco. Pero el disco es mucho más que un disco, "algunos dicen que es un proyecto erótico-místico-bizarro-y-ambulante" dice textual un folio que me entrega.  Le escucho, no sabe por donde empezar. Tomo un té verde, el pide una cerveza. Sus ojos son chisposos. Más de cerca descubro su cara de niño. Si le quitamos la barba, le cortamos el pelo y le despojamos de los vaqueros y la camisa a cuadros, si le ponemos unos chinos y una camisa de marca, bien podría pasar por un meteórico joven consultor en un rato de ocio, y en vez de conmigo debería de estar con una Barbie de 24. 

 

Nunca he trabajado en la presentación de un disco. Según él, su música es una combinación de 16 estilos de música, desde el ciberchansón, hasta el road song´s pasando por tarantela, fanfarria o swing. Ni idea le digo, yo escucho a Ben Harper y a Lou Reed, y Radiohead me encanta (a propósito estoy escuchando Paris Sunrise 7 mientras escribo esto). El tipo sigue hablando. Quieren lanzar un disco que se ha grabado en Liverpool, en Rivas y en Madrid. No se que tiene que ver Rivas con Liverpool, pero así es, El tipo ha montado una especie de espectáculo en torno a su música (él es el solista), dónde aparece un personaje que se lama, Fulanito de tal Le Voyeur.

 

El canta y al lado de él salen dos chavalas "imponentes", en un espectáculo con escenografía de cabaret, dónde aparece este personaje, el voyeur. Son las reacciones del voyeur las que van modificando y guiando el concierto de estos colegas. En palabras de mi interlocutor: "el espectáculo objetiva la música y puntualiza el ritmo de todo, hay que huir de la colectivización y llegar al individuo. Cada concierto es diferente".

 

Ah, oye y esto de bizarro, le pregunto, ¿en que sentido?. Bizarro en sentido de transgresión agresiva, de lo que se trata es de romper las barreras musicales, responde.

 

Vale.

 

El tipo no me desagrada. Al hablar lo hace con decisión. Está seguro de lo que dice, lo expone con rabia, convencido de que tiene su hueco en el mercado. El director de lanzamientos de FNAC le comentó que le alegraba conocerle porque no había nadie que hiciera música voyeur en España. Si no le entiendo mal, este tipo de música la hacen Tom Waits en USA, y Vinicio y Copposela en Italia y Francia. Hay alguna canción de su disco en cuya letra ha participado Javier Crae. El proyecto lo respalda el Hotel Kafka, que me entero es una especie de centro cultural, posada para artistas, literatos, poetas, ensayistas, aquí, al lado de mi casa, en la calle Hortaleza. También le apoya FNAC, FESTIMAD y un par de periodistas ilustres de música de El País, Mundo, etcétera.

 

Oye, ¿y esto de Hotel? El me mira, me sonríe, bueno, es un grupo de gente que han querido hacer un hotel para artistas, pero sin habitación para dormir. Jaja, la idea es original. Por ahí va  Javier Marías de vez en cuando a dar alguno de sus cursos de literatura, me dice, algún filósofo y sociólogo, etcétera, él es coordinador musical.

 

"Lo que tenemos que encontrar es un hilo conductor para todo esto. Hay que conseguir hacer participe al público", me dice. 

 

Sigue hablando y yo pienso qué tiene que ver lo de bizarro y ambulante con lo de voyeur. La idea de voyeur se repite en mi cabeza. Oye, ¿y esto de voyeur? Entiendo que de alguna manera…….--Sí--, me corta, --el voyeurismo no es una enfermedad mental--. Me quedo pasmado. ¿enfermedad mental?

 

Todos hemos sido voyeurs, es más, todos los somos--, le digo. Me señala con el dedo exaltado, --eso es, todos somos voyeuristas--. 

 

Sí, le reafirmo, todos hemos mirado a parejas en la playa a los 14 años, forma parte de la naturaleza humana, sin embargo tiene algunas connotaciones negativas, incluso no se si alguna vez ha sido un delito. Nadie pone peros a la prostitución, seas cliente o profesional, pero lo del voyeur, como que está mal visto.

 

Exacto, exacto, eso es. Dice. Ok, entonces centrémonos, le digo, olvidémonos de la bizarría y centrémonos en el voyeurismo. El Voyeur no es más que una persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas. Lo que hemos de encontrar es un gancho, le comento. Estamos en un local retrogrado total, de esos anclados en los setenta, de cristaleras y cromados dorados, un público maduro, ridículamente elegante. He de bajar al cuarto de baño. El mira su teléfono móvil. Voy a mear, y mientras lo hago pienso, la idea esta ahí, casi la tengo, la cuestión es ¿Cómo engancharla a la cotidianeidad?

 

En el cuarto de baño hay un tipo de unos cincuenta y tantos, alto, trajeado, de esos que sacan el culo para sacársela antes de mear, suspira, parece que hace un esfuerzo. Me pongo a su lado, creo que mira hacia mi entrepierna por encima del separador de cerámica que aísla un meadero de otro. Un voyeur, no lo se. Meo, me lavo las manos temiendo alguna reacción de aquel tío que sigue meando.

 

Vuelvo, él me espera excitado. Ya lo tengo, le digo. Me mira expectante y con cierta pose de reflexión, te escucho, me dice.

 

IMAG0031OK, lo que hay que mostrar es que todos somos voyeurs, lo que hay que conseguir es  hacerse sentir a la gente voyeurs, el voyeur que llevamos dentro. Tu lo que quieres es acabar con la hipocresía social hacia el voyeurismo. Exacto, exacto, me dice excitado. De acuerdo, hay que transmitir que todos somos voyeurs, y además exhibicionistas. Me explico, el voyeur lo siento ligado al siglo XIX, a esas parejas que hacían ligeras manitas en parques públicos, ella con encajes y él correctamente vestido, y con la carabina a cierta distancia permitiendo ciertas licencias. Pero ¿qué ha pasado hoy en día? Mira, anoche llegué a casa. En mi buzón había una carta con mi dirección, portal, piso y letra, pero no era mi nombre. Tampoco era el nombre de la anterior inquilina. Revisé los nombres de todos los buzones de la finca, y tampoco coincidían. Subí la carta, y no pude resistir sentirme en cierta medida propietario de aquella misiva, pues era mi casa habitada por otro hombre. La carta venía remitida de la Santa Pontificia y Real Hermandad del refugio y piedad de Madrid, total nada. Invitaban a susodicho a un viacrucis, al que rogaban llevara a amigos y familia, y se exigía traje negro. Me sonreí y aluciné, pero ni corto ni perezoso me metí en facebook y tecleé su nombre. Allí estaba el tipo, y no sólo el tipo, sino todos sus amigos, y a través de toda la información pública que él libremente había depositado allí, sus comentarios, muros y demás, pude hacerme una idea del personaje y de su dualidad en cuanto a ser miembro de la Hermandad. ¿Voyeurismo por mi parte o exhibicionismo del colega? En definitiva, las redes sociales, las nuevas tecnologías, los perfiles, los twitters, los youtubes, no es que nos hayan hecho voyeurs, es que nos han hecho exhibicionistas, y el exhibicionismo se practica para que te observen. Es lo mismo  que ha hecho Apple, crear un objeto del deseo, una tapa blanca con una manzana mordida, que la gente exhibe y que mucha gente desea, da igual el rendimiento de la máquina.

 

Me mira con los ojos abiertos. --Hostias, eso es, eso es, esa idea me gusta--.

 

--¿Qué nos hace falta?--, le pregunto.

--¿Qué?-- me pregunta a su vez.

 

Un gurú, le digo, alguien que afirme esto, alguien, un filósofo, un teórico, un sociólogo de prestigio que haga estas afirmaciones.

 

Se barajan nombres, R. Marcos, no está lejos; J.A. Marina, no es demasiado moralista.

 

Me he de ir, llego tarde a otro sitio. Oye, le digo , ¿aquí no hay pasta no?

No tenemos un duro, tengo más proyectos, te quería ofrecer una participación.

¿del total?

Sí,

El 15%, le digo.

Vale

Entro.

 

Puedo contar la idea, no me la han comprado. Me he de ir, ha sido un placer conocerte, escribo algo este fin de semana, te lo envío el lunes. Me marcho y me voy. Me pongo mis casos, y de nuevo suena Ben Harper. Black Rain, del álbum Both Sides of the Gun. Le doy vueltas mientras camino a que lo del cabaret no es adecuado en el espectáculo. Sonrío. Pienso en ti. 

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: