Súbete a tu Vespa

por Fausto Lipomedes  -  19 Diciembre 2011, 11:07  -  #Cosas de todos los días

Vespa--todo-un-arte.JPGMe he apuntado a un curso de "Community Manager". Vamos, a uno de estos cursos sobre redes sociales, twitter y todas estas zarandajas que se han puesto de moda. Lo he hecho por esto de estar al día, por pura curiosidad, por la necesidad de asegurarme de que no estaba dejando pasar algo importante por culpa de mi soberbía o por mi orgullo o por puro desprecio hacia la famosa aldea global conectada. Después de una sufrida semana de seis a nueve de la noche en un aula con luz eléctrica, he aprendido algunas cosas, algunas indicaciones técnicas sobre como twittear, pero nada que pueda afectar a mi lógica o a mi concepto del mundo, afortunada o desgraciadamente. Parece ser que esto último, el twitter, es la espina dorsal de este nuevo mundo en el que fluyen chorros de información cada pocos segundos. La clase ha reunido a un grupo de "Frikis" absolutamente convencidos de este nuevo entorno y sobre las bondades que ha traído este nuevo invento de la hiperinformación.  Las conclusiones a las que he llegado no me han soprendido, sino que han reforzado mis covicciones sobre el caos al que irremediablemente nos encaminamos. Las nuevas tecnologías y los dispositivos personales que llevamos en el bolsillo nos han otorgado la capacidad de poder escupir a nuestros semejantes cualqueir estupidez que se nos ocurra, fruto de nuestras rabías o frustraciones. El objetivo último de todo esto es conseguir que te sigan, obtener fieles seguidores de tus chorradas y cuantos más seguidores y amigos virtuales tengas en tu pérfil, mejor que mejor.  ¿Para qué?, nadie lo sabe. A cambio de ello te has de enchufar al puto ciberespacio de manera continua, bien desde tu ordeandor de casa, desde tu ordenador portátil o desde tu puto smartphone. Fotografía lo qué haces y cómo lo haces, mantente inquieto, no dejes de pensar en ese siguiente mensaje que vas a lanzar al espacio, y en lo original que vas a ser, en la mierda de ocurrencia que va a asombrar a tus seguidores. Saca ideas de donde no las haya, riza el rizo para que la mayor rutina de tu vida se convierta en un hecho que los demás han de conocer. Radiografía tu vida, mejor aún, escaneala y entregala a los demás en pequeñas dosis cada diez o quince minutos. No te desenchufes nunca de la máquina, pues algún colega puede que llame la atención má que tú. Ponte despertadores a las dos de la madrugada, a las cuatro, una hora antes de levantarte para ir al puto trabajo, y radia al mundo tus sueños o tus pesadillas, o si has cambiado o no las sabanas, o mejor aún si te has masturbado o no. Pero no, esto último nadie lo cuenta. En realidad, lo que más me ha llamado la atención de este nuevo mundo, donde las nuevas cibergeneraciones mercantilistas sólo buscan mercados, es el conflicto de la dualidad de las personalidades. El quién soy y el quién quiero que vean los demás que soy. Si ya existe esta dualidad en el mundo real, en el virtual se acentúa la lucha, ya que todo queda grabado, todo es rescatable, mótores de búsqueda pueden rescatar tus palabras de años atrás y evidenciar lo que ya no quieres que nadie recuerde. El ciberespacio tecnológico es una puta línea recta de la que no puede salir, una infinita autovía al cielo donde un dios poderoso lleno de cables te promete fama, reconocimiento, admiración y nadie sabe si dinero. Lo mejor de todo es que cuando hablas bis a bis con la gente todo el mundo echa peste de este entorno, pero todos estamos en él, y lo que hablamos en directo no lo reflejamos en él, somos tan esclavos de la vida como éramos antes de las nuevas tecnologías, somos tan necios como somos desde que llevábamos taparrabos. Maldita especie la nuestra tan autodestructiva, auqn dándonos cuenta de nuestro final. Vuelvo a casa de mi curso planteándome dónde nos lleva este nuevo entorno y veo tras un escaparate una Vespa, bella técnica y sobre todo útil. Me quedo quieto, observando sus formas redondeadas, su dulzura, su aspecto fiel, su excelente buen carácter y me pregunto que cojones hago en este mundo virtual, y quizás suba a mi Vespa y ya no vuelva. 

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