Yendo

por Fausto Lipomedes  -  28 Octubre 2010, 22:47  -  #Cosas de todos los días

Octubre2010 3537¿Y tú que haces mientras yo escribo? En este preciso momento, cerca de las doce de la noche, entrando en el viernes, entrando en noviembre. No hay nadie imprescindible, pero es de idiotas tratar de sustituir. He empezado un libro nuevo, le miro la cubierta, veo el título: "Todo es silencio", sonrío. Llevo unos días de silencio, de recogimiento. No pongo la radio del coche. Prefiero ir en silencio, subida la ventanilla, que fuera ya hace frío. Oír en silencio el bullicio, el nerviosismo. Todo se mueve, todo va y viene, y yo en medio de todo ello, como ellos, yendo, pero sin importarme mucho a que sitio. 

Octubre2010 3541Sigo circulando, sigo mirando la ciudad a mi alrededor, con más gente que va y viene, y yo en medio, yendo. Algunos lugares me traen recuerdos que parecen horadar el pecho. Sonrío, sin despegarse los labios, con la vista tranquila, mirando con más profundidad que hace unos días.

Octubre2010 3544Hay tantas realidades en una. Es tan variado, tan rico un instante, un momento. 

Octubre2010 3546Yo con mi traje, mi corbata, rechazando a dónde voy,  pero yendo, mirando a mi alrededor lo que a veces no ves. Llego a mi destino. Me meto en un espacio metálico de gente metálica y previsible. Hago fotos, pero aquí no pegan. Encuentro al tipo con el que me he de ver. Viene a mi solícito, le sonrío, creo que hasta seductoramente, tratando de hacerle entender que debemos tener un tiempo tranquilo. Hablamos de trabajo, sacamos el portátil, nos intercambiamos archivos. Es un tipo curioso, alto, flaco, con gafas redondas, de pasta, ojos pequeños, claros, cansados de mirar dispositivos, un traje negro usado, muy usado. Es alemán, se llama Peter. Es un tipo con ganas de explotar, pero contenido. Me gusta de él que sonríe, toda afirmación, todo comentario lo acaba con una sonrisa. Habla por teléfono en alemán. Nos sentamos en un rincón de la convención. Le pregunto si quiere un café, lo quiere. Voy a por dos cafés, los apoyo allí, al lado nuestro. Cuelga. Un espacio vacío, silencio, lo rompo y le pregunto cuánto tiempo lleva en España, 13 años. ¿Estás casado? Sí. Parece nervioso, pero con ganas de hablar, sonríe, habla a saltos, cómo si le costará. Yo le miro, fiíamente, exigiéndole más. Antes estuve en Japón. ¿En Japón? sí. Estuve allí dos años con una beca de la Unión Europea para empresas que quieren abrir negocios allí. Hablamos de la diferencia de culturas, hablamos de Tokio, de lo distinta que es allí la gente, de que andan a otro ritmo, de que teniendo en cuenta los millares que hay siempre en la calle, parece mentira que no se tropiecen unos con otros, del metro, de que se bajaba dos paradas antes de su destino, pues era imposible viajar de aquella manera, de que prefería andar por las calles, de las luces de neón, de la luminosidad, de los cientos de miles de carteles luminosos, de la comida, de la cantidad de carne que comen, de que sólo comen sushi en los grandes acontecimientos. ¿Y tu mujer?, también trabaja. No, me dice, acabo de tener mi segundo hijo, ¡enhorabuena!, le digo. Su mujer es japonesa. ¿La conociste en el curso entonces? No, un tema muy curioso, la conocí en unas vacaciones antes del curso. De que se vino a España, a Barcelona, de que ella estuvo trabajando en Barcelona, en un restaurante de esos de sushi, que cobra mucho pero pagan una miseria a los camareros, pero le sirvió para aprender el español. va más allá, me dice que quiere dejar la empresa, que quiere irse a Japón, que está cansado, aburrido. Le escucho, le miro, me cuenta su apatía por el trabajo, por la rutina machacante que no va a ningún sitio. Suena su teléfono. Habla en alemán, me sonríe al mismo tiempo que me pide disculpas. Cuelga. Me he de ir Peter, parece apenado. Miro mi reloj, se levanta, me acompaña a la salida, me estrecha la mano y me da una palmada en la espalda, o quizás la acaricia, siento al ser humano, mucho más cerca de lo que podría haber conseguido estar en años. Salgo y sonrío, sin despegar los labios, miro al suelo, y me voy.

Octubre2010 3556Vuelvo al coche, sigo yendo, en silencio. Hay cosas que no se mueven, por mucho movimiento que las circunden, por mucho ruido. 

Octubre2010 3563Hoy no apetece mirar a lo que siempre ves. Lo mejor es viajar, buscar la otra perspectiva. Y ésta me recuerda a San Francisco, sólo falta al fondo la bahía.  Me vienen recuerdos, me voy con ellos, y el ruido de fuera desaparece, al igual que yo, me hago invisible, ya no existo.  

 

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