Piezas del sueño

por Fausto Lipomedes  -  31 Diciembre 2010, 17:11  -  #La mesa

Subo a lavarme los dientes. Tengo una radio en el baño. Asocio la radio a la ducha, pero es rarísimo que suba a lo que suba, salvo que tenga unas ganas locas de mear y nada más,  no encienda automáticamente la radio. Como decía, he subido a lavarme los dientes y he enchufado la radio. De pronto el noticiero dice que han condenado a los terroristas del atentado de la T4. ¡Joder!, o el tipo se ha equivocado, o los atentados de la T4 fueron un día cómo hoy hace cuatro años, en 2006. Han pasado cuatro largos años desde aquella explosión, y me acuerdo de ello, recuerdo mi cocina y estar escuchando las informaciones sobre el atentado hace cuatro años, y mi cocina estaba igual que está ahora, y yo estaba igual que estoy ahora, o eso creo.  Pero han pasado cuatro largos años. Recuerdo nuestros comentarios sobre el tema, y te recuerdo como ahora, en la misma situación que ahora, es imposible que hayan pasado cuatro años, a menos que entre ambas fechas, nos hayamos desplazado por un agujero negro que nos permita ser ajenos al paso del tiempo. ¿Por qué pasa tanto tiempo en el que no pasa nada? ¿Por qué sólo pasa el tiempo y nada varía?

 

Panorama 3Hoy, cuatro años después, el día es jodidamente plomizo, lluvioso, aunque no excesivamente frío. He ido a ver a una amiga de la profesión, aunque ya no está en ella. La despidieron del trabajo y decidió quedarse con un negocio de venta de ropa para señoras mayores al que solía llevar a su madre como clienta. He ido hasta allí después de dejar a mi hijo en casa de mi madre, es decir su abuela, para que comiera con ella. Después se iba a jugar un triangular de baloncesto. La tienda está en un barrio de trabajadores. Bloques y bloques todos idénticos que forman enjambres de calles llenas de curvas, de ángulos rectos, montones de coches aparcados, todo mojado, portales, portalitos, callejones, bares, montones de bares enanos, llenos de humo, negocios de uso cotidiano, tintorerías, peluquerías, papelerías, muebles, fontanerías, bancos, supermercados, más bares, aceras pequeñas, parques enanos abandonados, setos sin cortar, todo mojado, húmedo, no hay nadie, son las dos y media de la tarde. Veo la tienda, y la veo a ella, nos saludamos, nos damos un abrazo, veo el escaparate. Maniquíes que son mujeres sin cabeza, vestidas con ropas de personas mayores, letreros de ofertas, rebajas, blusas con chorreras, jerséis sin mangas o con ellas de colores lila, azul celestes, blancos, colores crema, faldas negras plisadas, rectas, con ligeros vuelos, chaquetones, abrigos de grandes botones.  Miro a mi amiga y entiendo rápidamente cuando me llamo hace unos días y me dijo: tipo esto me agobia, no lo soporto, a ver si hablamos.

 

Comemos en uno de los bares con humo del barrio, sobre un mantel de papel de cuadros rojos. Sopa de tropezones y pollo asado.  Mi amiga está mal sí, no habla tanto como suele hacerlo. La recuerdo tal como está, con una especie de resorte interno que despliega dentro de ella un muelle que la pone  recta y otro resorte más pequeño en sus ojos redondos negros y que los abren de manera descarada. Mi amiga siempre me pareció excesivamente simpática, excesivamente  alegre. Se mueve mucho, se contornea, no para de llevar su manos de un lado a otro, a veces invade tu espacio, es una especie de molinillo sin freno. Está igual, pero habla menos, y según acaba diciéndome, no tiene nada que contar. El problema que tiene es que no tiene nada que contar, porque en su vida no ocurre nada y que aquello, no es que sea pequeño o grande, simplemente es un ser inerte para ella, una especie de mundo estático sin interés. Grave problema, te entiendo, la digo, y qué vas a hacer, la pregunto. Quiere hacer algo, pero no sabe exactamente qué. 

 

Panorama 5Al final concluyo que no puede hacer nada, que seguirá haciendo lo que hace hasta que todas las piezas cuadren donde tienen que cuadrar. Deduzco que habrá de estar así una temporada, que es difícil tirar por la borda las cosas imperfectas hasta que tratamos de hacerlas perfectas, y una vez que vemos el resultado, decidimos si nos gustan o no, y mientras tanto seguimos ahí.

 

Me despido de ella, la dejo en su tienda con una señora que podría ser mi madre entrando en el negocio.  Abandono a mi amiga en un mundo que ya no compartimos, y nos veremos de vez en cuando para oír los mismos argumentos el uno del otro, pero esos argumentos no variarán, serán los mismos, sólo con mas abundancia de datos que refuercen las tesis. Me meo, entro en un bar a escasos cien metros de su local. Pido un cortado y bajo al aseo, al subir el camarero me dice que es alemán, que lleva aquí cinco años. Y a mi que me importa.

 

IMAG0004 (8)Vuelvo a casa en el mismo día gris y plomizo y veo lo imperfecto de algunos sueños, y cómo nos las apañamos para tratar de hacerlos perfectos, porque siempre parece faltar algo, pero para eso tenemos el ingenio. Pegamos, añadimos, solapamos lo que haga falta con el fin de conseguir hacer realidad una idea, un sueño. Tu eres el mío, y a veces resultas tan difícil de cerrar los ojos contigo. 

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