Pedacitos de un gran corazón

por Fausto Lipomedes  -  3 Mayo 2013, 01:08  -  #Días de soledad

Hola de nuevo. Si estoy aquí es que padezco de soledad. Sea por lo que sea, aquí estoy. ¡Normas!, más normas. Cuando eres feliz...... no existen las normas. Las conductas son regidas por la libertad, la intuición, el deseo, la alegria. Pero en cuanto aparecen los problemas......, aparecen las normas, las reglas, la conciencia, los "yo creo". Y no los niego, son necesarios, pero a mi parecer nos rigen excesivas normas y conductas "debidas" y "esperadas" que nos afectan porque otra persona también se rige por las suyas y destrozan las nuestras que, a fín de cuentas son las nuestras. Normas, que alguien, algún día, escribió elevándolas a la categoría de modos adecudados de actuar de un ser humano. El autor no debió inspirarse en la Naturaleza, más bien debía de tener como objetivo satisfacer algún interés palaciego. A veces nos da miedo ser felices porque creemos que es imposible, y vemos como la normalidad navegar entre grandes olas de conflictos, remodimientos y conciencias. Nos negamos a nosotros mismos, negamos las sonrisas, los suspiros, los besos, los abrazos, los ojos resplandecientes, los pasos flotantes. Nos enamoramos y ya pensamos, enseguida, que durará un tiempo limitado.  La felicidad son rellanos pequeños en esta dura ascensión que es la vida. Y en vez de recrearnos en ellos, parar y beber agua del riachuelo entre hierba, nos encabezonamos en seguir ascendiendo ¿Habéis conocido alguna creación más imperfecta que esta vida? Tranquilos, que no voy de perfecto, pero trato de no perder de vista mi yo mismo. Estoy cansado de satisfacer, jugar a equilibrios, de joderme cuando tengo opción de no hacerlo, pero claro, siempre jodes a alguien. Este mundo es como si estuviera carente de una sola historia de felicidad entre dos seres humanos, una sola historia de frustración y tristeza que ha roto el equilibrio de todo el planeta, una sola historia que navega histérica entre todos nosotros tratando de encontrar acomodo, por eso, a veces, cuando busca un nuevo nido, somos felices. Tengo un cactus que me hace compañía, al que hablo y mimo, y también un montón de tomateras, aún ramitas de un centímetro con dos alegres hojitas coronándolas. Crecerán, buscarán la luz, lo darán todo, hasta frutos, ¿Qué saben de problemas?. Son pedacitos de un gran corazón, gracias. 

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