Nuevo almuerzo con Lipomedes

por Fausto Lipomedes  -  15 Septiembre 2014, 23:43  -  #Cosas de todos los días

Anoche estalló una tormenta tremenda a eso de las dos y media o tres de la madrugada --me dice Lipomedes. Yo escucho con atención.  

 

Fue una tormenta alucinante, --me dice--, los árboles habíanse vuelto locos. chillaban histéricos por las ráfagas de aire, y las gotas caían sin concierto, locas también, ….pero una tormenta de cojones, sigue diciendo.  

 

Seguimos comiendo, pero es otro almuerzo, me gusta comer con él, ignoro la razón, pues siempre me cuenta los mismos rollos con ligeras variaciones. Hoy le molestan las moscas.  

 

--Joder, me cago en diez, ¡coooojoones!, dice mientras trata de aplastar una. Serán cabronas, sigue diciendo, son pequeñas, deben de ser las últimas de este jodido verano, recién nacidas, pertinaces, ¿para que cojones servirán las moscas? Joder, estoy hasta el culo de este jodido verano, pero, ¿a quién le puede gustar esto? 

 

Sonrío, siempre protesta, por casi todo o por muchas cosas.  

 

Bueno, ¿y qué al tu madre? 

 

Me mira, me sonríe, hasta el culo de hospital. Es acojonante la comunidad hospitalaria. Llevo doce días metido allí, como un puto sargento mayor al mando de un pasillo de habitaciones cuartelarias. Todas las puertas están abiertas, así que es fácil encontrarte con los rostros apagados, aburridos, tristes de los pacientes. Me los conozco a todos, verifico como evolucionan, los que han sido de alta, los nuevos ingresos, conozco a sus familiares, los he visto comer, dormir, rascarse la nariz, a algunos les he visto desnudos, sus espaldas, sus culos pálidos, sus quejidos, gemidos, suspiros. Ya reconozco también a los visitantes, su grado de relación con los hombres y mujeres grises, distingo las visitas de cortesía, las interesadas, las verdaderas, angustiadas, acallando la conciencia y me pregunto que hago allí. Vuelan los fantasmas que tengo con mi madre por el pasillo. Huelo mis manos, se ha impregnado en ellas el olor del hospital, de la falta de intimidad, de dodotis sucios, de cremas hidratantes, colonias, medicinas, sueros, bolsas de sangre, comidas en bandejas, yogures, paladares, dentaduras postizas y hastío.  

 

Piensa que algún día puedes encontrarte en esa misma situación, le digo.  

 

Piensa en ello.  

 

Deseo realmente que no, espero que mi paso por un hospital sea efímero, es más --dice--, espero que ni ocurra, cagar en público, semidesnudo, a merced de enfermeras y enfermeros, lozanas ellas y homosexuales, ellos, siempre hablando con esos diminutivos: camita, almohadita, toallita, vueltecita, un poquito de fuerza, paseíto, guapita, guapito... esas bromitas de niños, esos comentarios que eluden la realidad, ese dar esquinazo a esa decrepitud que se vive allí. Jajajajaja, se ríe ahora Lipomedes, Joder, me paso, debes de hartarte conmigo.  

 

Le sonrío, --No, le digo--.  ¿En qué piensas?, le pregunto.  

En la tormenta, me responde, estoy pensando si fue real o no. es lo malo de vivir los hechos a solas, que acabas no sabiendo si fueron reales o no.  

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: