No hay palabras de consuelo

por Fausto Lipomedes  -  13 Abril 2013, 00:43  -  #Cosas de todos los días

024Acabo la semana comulgando. Sí, comulgando. He asistido a un funeral. Me han contado la historia del muerto. Se me han humedecido los ojos. Entiendo que los padres, los hermanos, traten de encontrar algún consuelo en el cielo. El cura lo intenta. Habla de la alegría de la resurrección, pero aquel espacio es triste, su tono es triste, lastimoso, una cadena de subrimiento parece colgar del cuello de aquel cura. Sigo pensando, mientras oigo el sermón, en la historía del muerto. Llega la hora de comulgar, ¿y por qué no? Antes, cuando iba al cole de los curas, decían que comulgar sin haber confesado era un pecado mortal. Mis pecados son inconfesables, o quizás no los tenga. Pero siento el impulso de levantarme e ir a comulgar, o quizás quería romper mi inactividad en aquella iglesia. Prefiero los funerales que veo en la tele de los Estados Unidos, la gente se une para comer, rien, viven, no se recluyen, se reunen en la casa del muerto para festaejar su ascenso al reino que sea. Es más acorde con el mensaje de alegria que quieren transmitir en la iglesia. Palabras místicas, caminos insondables, retórica teológica en la que me pierdo. Me quiero ir, espero que si algún día me muero, alguien se apiade y monte una gran fiesta. Dejaré una lista de música que me gustaría oir desde el más alla, no vaya a ser que no tengan alli reproductores. Por lo que he oido hoy, alla arriba suena a que uno se aburre mucho. Mis respetos. buenas noches. 

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