La magia de un momento

por Fausto Lipomedes  -  11 Abril 2011, 14:56  -  #Nueva etapa

IMAG0040Ayer, a las nueve, tuve un momento de paz. Me senté en los escalones laterales de la casa antes de volver a la ciudad. Habían bajado las temperaturas y empezaba a anochecer. Una brisa fresca envolvía el ambiente, bien podría ser una de esas últimas tardes del verano que anuncian el invierno ya inminente. Un silencio sepulcral invadía todo, el horizonte se llenaba de tonos naranjas, rojizos, cobrizos, azules pálidos, amarillos, morados.  Observaba todo aquello con respeto, casi entusiasmado, apabullado ante aquella belleza, apabullado ante una manifestación superior. Un momento mágico de compresión, minutos de armonía que no me atrevía a romper. Estático, quieto, bastaba con observar para entender, para intuir, para ver, incluso para creer. Me invadió una profunda nostalgia, una especie de tristeza latente, pero con la que me sentía reconfortado. Por fin un momento, por fin ese lugar en el que encuentras tu sitio.  Esperé un buen rato hasta que apenas había ya luz en el horizonte sintiéndome solo en el mundo. Entro en casa, ya prácticamente a oscuras. Voy al dormitorio a cerrar el ventanal, sobre el borde derecho del marco de la puerta veo una mancha negra. Me quedo quieto, y mi mala vista me impide distinguir que hay allí. Me acerco con pasos lentos y cortos. La mancha negra se mueve, una parte de ella ha dado un pequeño giro. Con la penumbra que entra veo el ojo negro, brillante e inquieto de la golondrina. No es la primera vez que se me meten en casa, pero sí es la primera vez que las veo este año. Me mira sin inquietud, como si me reconociera. Yo también la reconozco a ella, o quizás sea a él. Cómo un tonto la saludo --ya habéis llegado digo--, el pájaro canta y se pone a revolotear por la habitación. Abro la persiana y totalmente la puerta. Sale como un suspiro y sonrío. Por la pequeña carretera que baja a la ciudad pienso en todo esto, y el momento mágico, poco a poco, como un azucarillo, va perdiendo fuerza y se convierte de sensación en grato recuerdo. Doy mi intermitente y dócilmente me incorporo a la autovía

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