Horas que son días

por Fausto Lipomedes  -  1 Noviembre 2009, 19:21  -  #Viajes

A veces la vida hay que mirarla a través de un cristal de colores. Hay que decorarla, enmarcarla entre formas vegetales y mirarla desde detrás del cuadro. No tengo ganas de escribir, sólo de vivir. Y vivir sería estar ahora apoyándonos el uno en el otro, andando por las callejas, buscando un café, una copa de vino o a lo mejor una tempranera copa. 
Se me han acercado animales a robarme mi alimento mientras te esperaba. Un soleado mediodía en el que sólo me cabían ansias de verte, ansias calmas, regojico, felicidad, las cosas en su sitio, la vida tranquila, lo que debe de ser, lo que encaja y no ha de estar desencajado. Me siento tan lejos contigo, es tan lejano el viaje que me adentro en otro mundo del que nunca quiero volver. 
Hago tantas cosas distintas, y al mismo tiempo me parecen tan normales, más que eso, entrañables. Monto museos en las calles, te miro atendiendo a los viandantes, sea cual sea su condición.  Los veo lejanos, los siento ignorantes de lo que tu y yo encerramos. Si supieran que guardan esos colores, si supieran que hemos ido hablando en el coche antes de llegar ahí, si supieran como piensas, como sientes, si supieran todo eso sonreirían más, quizás consiguieran ser más felices. 
Un breve espacio de civismo, de formalidad, para perdernos en los colores de nuevo. Paseos, cena en aquel italiano, una copa, más tarde nos metemos en tu lugar en el espacio. Añadimos título mirando más colores y formas. El nuevo Paco con K, espero que no nos traiga problemas. Los locos al amanecer, tu de nuevo en el universo, yo dormido, la mañana, una maravillosa marea, ¿lo ha sido para ti? De nuevo a la calle, desayunando, te reconocen, te quiero, te amo, me siento tan orgulloso de ti, tan feliz, tan pleno. Paseo, vitrinas, miradas, asombros, nunca más un sábado a un museo, escapando de la muchedumbre, escondiéndonos, tirando fotos prohibidas, tu nerviosa, yo pleno. Me he sentido un bailarín, me he perdido con tu sintonía. Me pregunto si se puede ser más feliz, la respuesta es no, por lo tanto, no quepo en la que vivo. Un cuaderno, un libro, unos pendientes liados, una pulsera de cuero, que luego perdería a la vuelta. He sentido lastima, pero también infinitas ganas de tener, que tengamos  otra.  Unas fotos en la plaza.
El vagabundo que nos ve en la plaza, el que nos ve enamorados y decide escribir en nuestra libreta aquel poema. Tarde de sábado, perdidos entre familias y amigos, entre parejas, matrimonios y niños, unidos por encima, por entre ellos. 

Pasa inexorable la tarde. Un último café antes de separarnos. una última mesa que nos une, ninguna gana de irnos, como dos adolescentes tontos. Vuelta, más en silencio que hablando. Aquí estamos, tu allí, yo aquí, recordando esas horas que contigo, son días. 
 
 

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