Horas para estar contigo

por Fausto Lipomedes  -  16 Enero 2011, 17:39  -  #La mesa

Panorama 15-copia-1Es imposible hacer casi nada con este Sol radiante y con la luz blanca que lo inunda todo. Se ha ido mi hijo hace un rato. Le he bajado hasta la parada del autobús, y no puedo remediar  quedarme con una sensación de adiós cada vez que le veo marchar. Me inunda un estado de melancolía, de pasado que no volverá, de pasado desaprovechado irrecuperable, y yo en él, paralizado, cómo sujeto a un destino irremediable. De manera no muy clara, creo haber sido un estúpido por no haber aprovechado mejor el tiempo con él. Ahora es tarde ya, o eso pienso.

 

Salgo a la terraza, a leer. Lo hago durante un rato, y decido escribir, quizás empujado por lo que leo, que es sencillo, sin complejos. Una narración que explica con palabras una vida complicada, llena de hechos intrincados pero que se antojan casi naturales gracias a la maestría del autor. La tarde es radiante, y me parece un auténtico desperdicio quedarse dentro, protegido por el techo, del magnífico Sol.

 

IMAG0015 (2)Tarde de domingo, oigo a unos vecinos decir algo sobre abrir la mesa y comer todos. No es tarde. Miro el reloj, las cuatro menos diez, una magnífica hora para la paella, para la ensalada, para una copa de vino y para hablar de todo y de nada. Pienso en ti, en que hubiéramos comido también al Sol gracias a tu capacidad de montar festines de la nada. Otro domingo de no se que época. La época en que recupero el apartamento del centro. Antes habré de librar batalla con su inquilina, con quien estuve durante un tiempo, y con quien no me explico ahora, cómo pude haber estado en algún momento. Ha llegado "gato", a quien ya no doy de comer, aunque no me resisto a entregarle alguna ínfima pieza de salmón, también alguna de jamón. Ahora está, ahora no, maúlla, se tumba en el suelo, me deja franca su tripa para que se la rasque, se estira mostrándose largo. Yo y "gato".  Me identifico con él porque ambos estamos mudos, acaso nos comunicamos por gruñidos, por sonidos guturales que demuestran placer o cariño. A veces le hablo, como si se tratara de un niño pequeño, otras me doy cuenta de que es adulto y cambio el tono. No se qué decirle, ni siquiera se si creo que me entiende algo, sólo sabe de comida, de mimos, de un lugar placentero para dormir, pero a veces interacciona conmigo de tal forma que me emociona.

 

Da el Sol en mi espalda, ladran los perros, se oyen pájaros de todo tipo, algún motor de un coche avanzando veloz, el resto es silencio y un tenue calor. Los días son más largos, lo venía notando hace ya algunas jornadas, pero anoche me di cuenta, fui consciente, o plenamente consciente. Una nueva estación que se empieza a dibujar, y me acuerdo de lo lento que pasaba el tiempo cuando era un niño, y de lo veloz que pasa ahora,  y la absoluta indiferencia o pasividad con que soy consciente de ello, asumiéndolo, aceptándolo. 

 

IMAG0016 (2)Quizás en ello me parezca a "gato", tan indiferente a su final, dando la espalda al tiempo, sólo disfrutando de una tarde de Sol o de un buen sueño. Estos días, revisando hipotecas, te das cuenta de los años transcurridos, como parecen eternos  cuando piensas "dentro de tres, de cuatro años", como efímeros cuando ves fechas y piensas en "hace tres o cuatro años", y tratas de hacer una cronología de cómo han transcurrido y de lo que en ellos te ha ocurrido.

 

Panorama 17Tarde de domingo, siempre con esa jodida sensación de desperdicio, siempre ese espacio para el recuerdo, una especie de agonía consciente, de recapitulación. Te acuerdas de tus seres queridos, de los que fueron alguna vez, de cómo se han transformado, de los que ya no están, y te preguntas que habrá sido de ellos. Tarde de domingo, ideal para estar contigo, ideal para balancearse en esa vereda de la suave melancolía. Horas para n hacer nada, excepto apoyarte en ellas y dejarte embriagar, horas para estar contigo.  

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