Historia para la segunda de varias tardes de lluvia

por Fausto Lipomedes  -  21 Octubre 2009, 13:34  -  #Cosas de todos los días

Puta cuesta hacia el almacén. Mi hermana no para de hablar del relojero, que si es un tío que no tiene el comercio en la calle, que si es un almacén, que si él es una especie de distribuidor, que si pobre hombre que le dio un ictus y que desde entonces no se ha recuperado de él, que si lo atracaron y se llevaron un millón de euros en relojes Rolex....A todo asiento, aburrido, pensando dentro de mí que qué cojones me importa la historia del relojero. A propósito,  voy sin reloj. He dejado en casa mi reloj de siempre, el que me gusta, porque ¿para qué voy a llevar dos relojes en mi muñeca? Por fin llegamos al portal. Un lugar desangelado y frío, de pasillos y paredes de mármol color mierda desteñida. Subimos penosamente unas escaleras, llegamos a pasillos de yeso blanco manchado. El lugar me recuerda a las típicas edificaciones de oficinas cutres donde ibas a buscar trabajo en los años ochenta como comercial de libros. Al fin una puerta ultra blindada. Alguien acciona un interruptor desde dentro, entramos. Ante mi se abre una especie de local de prestamistas judios, con dos viejos expectantes, una vieja de ochenta sorda y en vaqueros y el viejo del ictus, con un muñón haciendo de mano derecha, gangoso, apenas se le entiende al hablar. Están en un mostrador mal iluminado, como toda la instancia. Gris, gris, es lo que me viene a la cabeza, gris y decadente, triste. Veo un vitrina de pasteleria a mi izquierda, también mal iluminada y allí tirados cien relojes de su padre y de su madre, en desorden, modelos viejos, modelos nuevos. Me imagino que es un gancho y que ahora me pasaran a una sala bien iluminada donde podre elegir mi nuevo reloj. No, aquella es la vasta exposición. El viejo tras de mi, mi hermana también, ambos diciéndome que me tome mi tiempo en elegir. No elijo, descarto, descarto casi todos, descartaría todos. A la fuerza me quedo con uno. La correa de nuevo para una pata de elefante otra vez. ¡Vale!, me quedo con éste. Sólo quería salir de allí. Mi hermana y sus chollos, sus chanchullos, con esa necesidad perenne de buscar las oportunidades, el amigo del amigo que te dice que un amigo puede proporcionarte relojes de marca a un precio excepcional. ¡Quiero irme de allí! Por fin lo voy a conseguir porque ahora me achican la correa y me lo llevo puesto. ¡Joder!, el tipo que achica las correas se acaba de ir. Me cago en la puta, quiero gritar, ¿pero qué mierda de sitio es éste? Meteros el puto reloj por el culo. Salgo a la calle, sin hora, sin reloj, con esa sensación de haber perdido en un absurdo la mañana. Mundo para los que no tienen que hacer nada, chuminear, malgastar tiempo y vida, y encima sin máquina para medirlos. Me vuelvo a mi trabajo, con mi muñeca vacía, añorando mi reloj, el de toda la vida. Un beso mi vida. 
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