He invitado a Lipomedes a cenar

por Fausto Lipomedes  -  25 Agosto 2014, 22:39  -  #Las razones del diablo

 

He invitado a Lipomedes a cenar. Hacía tiempo que no sabía nada de él y pensé que sería interesante observar que cambios había experimentado en él, el verano.  

¡Que tontería!, pensé cuando estábamos con el segundo plato. Preparé algo ligero, acorde con los calores del verano (una sopa fría de tomate y dorada a la plancha, todo ello regado con una copita de vino blanco bien fresquito). Me encanta ver comer a Lipomedes. Tiene la habilidad de engullir pero si compartes mesa con él, no te das cuenta de ello. Es delicado, usa bien los cubiertos, es ameno en la conversación, limpia sus labios con la servilleta antes de beber de la copa de cristal, los vuelve a limpiar tras ello.  En definitiva, es delicado comiendo, pero zampa como un hombre medieval hambriento, y sólo te das cuenta cuando miras su plato vacío. Es por ello que Lipomedes prefiere platos sofisticados, que requieran partir, cortar, trocear, separar, extraer, mezclar, seleccionar, extirpar, doblar, acoplar, acompañar, emparejar; en definitiva, actos que requieran entretenerse para, así, poder ir a la misma velocidad de la gente con la que comparte mesa. 

  

Es por eso que elegí la sopa. Introduce la cuchara, la remueve acompasadamente, la recoge en la cuchara y la deja caer de nuevo desde la altura límite para que no salpique, se decide y ya va la primera cucharada a la boca. La introduce en ella, de lado, no cómo hace todo el mundo, con la parte más fina de la cuchara de frente dirección a la garganta. Lo hace así, sin sorber, sin hacer ruido, porque dice que esa es la forma correcta. Yo lo he intentado a solas y me parece tremendamente complicado. Y luego el pescado, me encanta verle diseccionarlo, extraer primero las espinas dorsales, luego extraer la espina central, ahuecar la carne con el cuchillo de pescado con el cuidado suficiente para que los lomos salgan limpios y compactos.    

 

Me voy del asunto. Quería saber qué tal estaba Lipomedes, no le veía desde finales de junio, y como ya os he dicho: que tontería, Lipomedes sigue igual, igual de crítico y gruñón, empecinado en ver las zonas oscuras de todo lo que ocurra a su alrededor, descreído, como si tuviera un decodificador capaz de dejar al desnudo cualquier acción y despejara a todos los actos de su apariencia para analizar todas las frustraciones o esos pensamiento paralelos que anidan en todos los cerebros y que se esconden, se ignoran, se tratan de tapar y amordazar, porque no son correctos o morales. En definitiva, Lipomedes está más interesado en lo que se oculta que en lo que se evidencia.  

 

Lipomedes está harto del verano, no soporta las altas temperatura, odia su falta de intimidad, a los tipos en camiseta con barrigas sarracenas comiendo con la boca abierta y los labios grasientos diciendo gilipolleces a sus familias alrededor de él. Esa es la imagen que tiene del verano, perros ladrando, casas quietas, horas muertas, zumbidos del aire acondicionado, espacios fríos y secos irreales y efímeros.  

 

Deduzco que seguirás escribiendo, le afirmo.  

Me mira con esos ojos que tiene ya un poco cansados. ¿Escribir?--me dice interrogativo, ¿el qué? 

 

Deduzco que seguirá haciéndolo. 

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