Frágiles

por Fausto Lipomedes  -  15 Marzo 2011, 00:22  -  #Nueva etapa

IMG00256-20110302-1532Mi primera noche ha sido inquieta. Por unos momentos me he sentido un desplazado, en otros un ejecutivillo metido en una habitación de hotel. He dado vueltas en la cama. No se si el edredón se me quedaba corto o la almohada era demasiado blanda. Me he estado despertando sucesivas veces desde el alba hasta la hora de levantarme. Como es lógico, el café de la mañana se me ha quemado, así que he parado a tomar otro en la calle Fuencarral, camino del despacho. Se me ha hecho extraño salir de la madriguera y formar parte del bullicio del centro. Añoro el pueblo y su tranquilidad, pero no la carretera desde allí.

 

Un día extraño, he hecho algo de compra, cosas sueltas, sin ton ni son, pero he conseguido hacerme una ensalada de tomate por la noche, unas tostadas con queso y un vaso de agua. Lo he comido sentado en un taburete, con las piernas cruzadas, en la mortecina luz de la cocina. Antes he paseado por las callejuelas, bajo la lluvia, en medio de seres que me han resultado extraños.  Supongo que tengo esa rara habilidad de estar siempre en lugares que no me corresponden, viviendo situaciones que no me corresponden, como a destiempo. Como si esto lo tuviera que haber vivido treinta años antes. No se que ha sido de mi durante tanto tiempo, no se cómo he llegado aquí , no se tampoco se dónde  iré después. Tampoco me importa, tampoco le doy ninguna importancia. Hoy, con todo esto del tsunami en Japón, no he dejado de pensar en la fragilidad de todo, en la debilidad de tantas normas de conducta y convivencia. Voy por la calle y veo cubos de colores para reciclar, los coches con sus pegatinas de la ORA, amos de perros que se agachan cuando éstos cagan para recoger sus excrementos, autobusitos eléctricos para no contaminar (a propósito delante de casa pasa uno que me lleva hasta Arguelles), pin y pons con sus chalecos reflectantes en sus motitos con luces azules. Veo todo este mediocre orden y pienso en las imágenes de Japón.  Pienso en el mar arrasando todo, avanzando como una lengua de muerte.   Y todo se me antoja finito, y sólo pienso con quién pasar esos últimos minutos, al lado de quién, agarrando a quien de la mano, abrazando a quién, el resto es solo silencio. 

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