Deber de estar

por Fausto Lipomedes  -  25 Diciembre 2010, 21:45  -  #Cosas de todos los días

IMAG0001 (7)¿Por qué ocurren ciertas cosas? No soy de las personas que piensan que los acontecimientos pasan porque sí. Creo que los hechos nos llevan de un lado a otro, nos hacen permanecer en un sitio y en un momento determinado, alejándonos de otros lugares en los que queríamos estar y en los que nunca llegamos a saber qué hubiera ocurrido. La cadena de hechos que conforma nuestra vida, a veces nos desvía de esos sitios que, en la mente van a ser los próximos, y nos derivan hacia otros, en los que permanecemos con cierta sensación de desplazados, pues no contábamos con estar en ellos, extraños, despistados, alertas, como animales en un hábitat nada nuevo, deseando salir de allí.  

 

IMAG0003 (6)Acabo la reunión, y allí, sentado, también me siento extraño, pensando en cosas que no saben los demás, las expongo, cargo las palabras en la escopeta, disparo, coloco las balas donde quiero, doy en el blanco, se acaba, me voy a la estación, otro lugar de seres extraños, y yo solo entre ellos, viajando hacia otra Navidad sin ti.

 

IMAG0009 (3)Tenemos un encuentro breve, un encuentro al revés, hacia atrás, un encuentro que es una despedida desde incluso antes de que empiece. Hay risas, hay cierta tensión, y sobre todo hay cansancio, un profundo y arraigado cansancio. Hay lo que hay, que a veces se nos antoja tan pequeño, un minúsculo motor incapaz de llenar el globo que se levanta sólo unos centímetros sobre el suelo.

 

IMAG0015El tiempo es breve. No caben en él todas las facetas que nos gustaría desarrollar, no caben tantas acciones como llevamos en la cabeza. Hay que hacerlo todo, sin dilaciones,  sin perder el tiempo, sin poder dejar para más adelante algo que apetezca hacer ahora.

 

IMAG0027Vuelvo, y me llega un mensaje de policía, alguien ha entrado en mi coche, leo. De nuevo en el tren, localizo el teléfono de la comisaria, han detenido al tipo, he de ir a poner la denuncia. Intento abstraerme de cómo estará el coche, si podré circular con él, es lo único que me importa, el resto me da igual, asumo estos hechos. Llego y me piro a la central de la policía. Me meten en un cuartucho de espera, con familias a las que han robado la cartera, las tarjetas. Pintado de color crema mierda. Huele a miseria, todo usado, violentamente usado. Me toman declaración, me devuelven lo robado. No me interesa que le ocurrirá al tipo, al alguien se le escapa que es un “moro”, sin duda el policía que lo dice padece de cierta xenofobia. Salgo a la calle dos horas después, respiro el aire frío. La calle está llena de gente, gente con regalos de un lado a otro. No me apetece ir a mi casa a la cena de Nochebuena. Siempre me es violento. No tengo relación alguna con mi familia, y estoy más a gusto entre amigos que entre ellos. Pasa la cena, entre tres comentarios absurdos, deprisa, sin ningún sentimiento real, salvo el estar allí, cuando en realidad me apetecería estar en mi casa, solo, quizás con mi gato, tumbado, leyendo, o quizás viendo la tele, o quizás poniendo una lavadora. Vuelvo en el coche, deseando llegar. Llego y la casa está fría, helada, pero es mi casa. Apenas leo dos páginas y decido dormirme, son cerca de las dos de la madrugada. Una Navidad más, idéntica a la anterior, en algo soy fiel, en algo me repito, en algo no cambio. Una vez más estoy donde debería de estar, donde la cadena me ha llevado, lo que desees es otra cosa, y da igual, allí no estás. 

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