Come y calla

por Fausto Lipomedes  -  28 Marzo 2013, 20:26  -  #Cosas de todos los días

El mal se ha vuelto a apoderar de mí. Estoy atontado, me duele el cuerpo y me siento pesado, lento. Miro mi bicicleta y me pregunto si podré volver a galopar sobre ella. La congestión anida en mi cerebro y escurre por mi nariz. He de abrir la boca para respirar. Subir las escaleras me parece una tarea titánica y me dejo caer en el sillón como un fardo de trapo lleno de objetos viejos e inservibles. DSCN1263Hoy he vuelto al centro. Todo cerrado, apenas coches. Arrastrando mis huesos he vagado por las calles arrastrando también a mi madre, anclada a mi brazo, sin parar de hablar y hablar. Va lenta, tiene kilos de más y sus huesos parecen haberse debilitado hasta niveles increíbles. Simplemente asiento a todo aquello que dice. No me interesa su conversación, pues no la hay, sólo un monólogo ligero, un monólogo de ruido para evitar el silencio. Hemos comido en uno de los pocos restaruante abiertos. Comida sofisticada, llena de salsas, artificios de sabores sin sentido, una vuelta de tuerca más al alimento para satisfacer paladares complicados. Hemos perdido la frescura de los elementos básicos. Mezclamos, cubrimos, maceramos, estrujamos, convertimos, jugamos con los alimentos para que una tipa gorda abra sus ojos cansados a su pareja dando a entender la incomprensión de aquel sabor. Algo que nos asombre incluso a la hora de comer. Una cabriola más para el gusto, un triple mortal en nuestra garganta hacia un organismo que ya no siente, salvo el aburrimiento. Ya no nos conformamos con los hechos, como mínimo que sean milagros. dadme, ofrecedme en abundancia, a mi, pobre mortal ignorante e insensible, sólo quiero consumir asombro, sólo quiero, ni siquiera un escalofrío, me basta con un ligero estremecimiento de mi cuerpo atrofiado. En fín, que me voy por los cerros de Úbeda. Anhelo volver a casa, a mi refugio, a mi guarida, a mi silencio, y vuelvo. 

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