Colono 43

por Fausto Lipomedes  -  23 Julio 2014, 01:41  -  #Colono

Hay cosas de la vida imborrables. Hechos, por escuetos que sean, que no podemos sacar de nuestra cabeza. Guiños de la vida tan sutiles como una mirada, tan efímeros como un reflejo captado por el rabillo del ojo, pero sobre los que no paramos de pensar, dándoles vueltas en nuestra cabeza. Quizás porque fueron hechos vergonzosos, quizás inesperados, quizás nos arrepentimos de ellos y al rememorarlos se nos pone la piel de gallina. Por todo ello, hay hechos que queremos sacar de nuestras mentes, pero no podemos, vivirán con nosotros, gozosos, regados, bien alimentados, hasta que abandonemos este absurdo mundo, así somos.

Llevo días acordándome de mi padre. Quizás busque amparo, quizás unas espaldas más anchas que las mías, un hombre en el que poder cobijarse otro hombre, el ser poderoso, protector, tu padre. ¡Dios!, que ternura siento ahora hacia él. Ojalá estuviera aquí, aunque fuera para nada, para saber,simplemente, que está.

Mi padre me llevó a ver 2001 una Odisea del espacio al cine. Yo debía de ser muy pequeño ya que recuerdo que era mucho más alto que yo y a mi padre enseguida le igualé en altura. Así que debía de tener doce o trece años. La novela de Clarke en la que está basada la película es absolutamente recomendable, al igual que lo es la adaptación cinematográfica. Además, es sorprendente que la película sea de 1969, o sea, hecha a mano, pues supera en mucho a las grandes producciones actuales.

La película está dividida en tres partes. La primera de ellas narra la existencia de un grupo de primates en medio de la nada, observados, en su rutina animal, por un monolito negro impresionante, por su estructura rectilínea, lisa, limpia. Son veinte minutos de gruñidos, de la lucha por el agua, de acosos, y desafíos hasta hasta que uno de los animales coge un hueso del suelo y se da cuenta de que tiene el poder.

De ahí la película salta,en una sola escena, a una nave espacial en el año 2001 y tras una aventura memorable, la película acaba hablando de dios, del todo y de la nada, del origen, del final, de la muerte, todo ello en imágenes bellas y confusas, difíciles de encajar.

Yo salí del cine sin tener una idea clara de aquella película, tenia doce o trece años. Había disfrutado mucho con la parte central, todo aquel rato en que HAL se va cargando a la tripulación del Discovery en su vuelo a Júpiter. Pero el problema estribaba en que yo quería encajar la parte inicial y última de la película con aquella parte central. Pensaba, y sigo pensándolo, que el autor se refería de alguna manera a dios, pero no lo tenía muy claro, y aún hoy me sigue molestando que existan esas dos partes tan abiertas en la película, con esa memorable parte central que llena por completo.

No sé que me dijo, pero mi padre, de vuelta a casa, me trato de explicar los lazos de unión de la película y su significado. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi padre no lo sabía todo y de que podía discrepar de él. Una vez más acepté sus explicaciones sin abrir la boca, aburrido, sin querer discutir con él, simplemente porque no me apetecía, ni creo que a él tampoco. Supongo que él quería llevar a su hijo a ver una película del espacio y no una de filosofía espacial con dios por medio y el origen del hombre.

Ahora, más de cuarenta años después, con él ya muerto, como algunos de los personajes de la trilogía, he sentido por él un cariño, una nostalgia especial. Me hubiera gustado tomar un café con él y recordar aquella vez que fuimos al cine, a ver si él se acordaba también. Igual se reía y me decía ¡Joder!, menudo aprieto hijo, vaya película, no tenía ni idea de que decirte. Me hubiera gustado poder contarle mi parecer, contarle como resolvía el autor el enigma.

No sé si me hubiera escuchado, creo que sí, me hubiera gustado hacerlo, sentado sobre sus rodillas, jugando con sus mejillas ásperas y dejándole abrazarme. ¡Ojalá! no hubiera insistido en seguir pareciendo más listo que yo. No hacía falta papá. Me bastaba, me hubiera bastado con saber que estabas ahí, con que me hubieras llevado al cine aquella tarde, lo de menos era la película, lo importante era ir al cine con mi padre. Me hubiera gustado poder saborearlo, poder haberme sentido orgulloso de ello, de ti. Cuanto te echo de menos ahora, y lo más jodido es que no sé porque. Para mí la Odisea del espacio ya ocurrió, siempre será aquella que vi con mi padre y que me hubiera gustado ver de otra forma, comentando con él, por lo bajini, en el cine, “¿que es esto?”, “¡joder, no entiendo nada, ¿y tú?”.

Papa, podías volver y hablar un poco conmigo, te echo de menos.

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