Colono 39

por Fausto Lipomedes  -  20 Abril 2014, 00:47  -  #Colono

8-Sin-Titulo-No-estoy-atado-a-ningun-sueno-ya-Acrilico-sobrVuelvo a estar en mi buhardilla. Si no sabes que hago aquí, tu te lo pierdes. Revisa unos artículos atrás y te enterarás. Hoy he cenado un trozo de piña, un trozo de chorizo que he desgarrado con mis dientes, un pan tostado, un kiwi y una naranja partida en cuatro partes que he engullido como un auténtico caballero medieval. 

Estoy de nuevo en mi buhardilla, hace de eso 20 años. De golpe y porrazo me encontraba hecho un solterón empedernido. Y ahora que lo pienso, no sé si 20 años después sigo siéndolo, con la única diferencia de un menor ímpetu sexual.  Mis planes, una vez recuperada mi soltería, como ya dije, era el arte, pero acabé tentado por las tentaciones del anonimato. Yo intentaba concentrarme en mis escritos, comencé también a pintar cuadros, pero a través de los ventanucos de aquella buhardilla subían hasta mi casa ruidos y risas. Aquel jaleo me impedía concentrarme y me hacía pensar que estaba perdiendo el tiempo allá arriba, encerrado en proyectos artísticos absolutamente mediocres y artríticos. En definitiva, que acababa bajando a la calle y me dediqué a conocer todos los garitos de los alrededores de mi casa. Buscaba gente como yo, solitaria, buscando el vértigo de acabar en la cama tras una mirada cómplice. 

Sin embargo, debía de ser un tipo muy raro o un tipo con unos deseos extraños y poco habituales. Los garitos estaban llenos sí, pero de gentes socializadas, en grupo, con la única búsqueda de pasar un rato agradable, entre risas, y quizás con algún tímido flirteo, pero todo muy moral y tradicional a pesar de los aspectos provocativos de sus ropajes, peinados y formas de moverse. Me aburría. Por aquel entonces no existían los chats, pero si había líneas telefónicas donde llamaba gente para buscar parejas, encuentros o simplemente sexo. Allí la gente era más desinhibida, supongo que por el anonimato. 

De hecho conseguí quedar a cenar con una mujer y después subirla a casa. Todo fue un auténtico desastre. Un par de besitos y un apretujón con todo mi miembro erecto contra su coño que ni siquiera vislumbré. Nos llamamos un par de veces y yo, que quería simplemente follar, me enteré de que acababa de que su madre acababa de vender un apartamento en Benidorm porque le salía muy cara la comunidad al año y entonces le dijo a su madre: “mira mamá vende el apartamento de Benidorm y con lo que te ahorras de la comunidad y mantenimiento nos vamos las dos todos los años donde tu quieras a pasar unos días”.  Bueno resulta que se marchó a Lanzarote y hasta septiembre no volvía a saber de ella. 

Así las cosas seguí visitando garitos y hablando por teléfono buscando a las féminas hambrientas. El sueño del sexo fácil, impulsivo, ciego, sin seducción, el pacto de follar sin ningún protocolo previo, me excitaba. Y resulta que en ese estado en el que tu deseo se convierte en una esponja de cualquier cosa que huela a sexo, me empece a dar cuenta que lo que más abundaba en cuanto a contactos sexuales reales eran las mujeres que buscaban mujeres y los hombres que buscaban hombres. Lo tenían clarísimo, ni leches de inhibiciones, ni frases indirectas que se interpretan ni sutilezas. 

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