Colono 38

por Fausto Lipomedes  -  18 Abril 2014, 18:50  -  #Colono

bosco1.jpgQuedo a comer con otro antepasado profesional. Me lo encontré en un almuerzo de trabajo, de casualidad. Me alegró verlo y pactamos llamarnos y comer juntos.  Él es como una especie de Geyperman del mundo profesional. El muñequito que vive contigo aventuras, siempre fiel, siempre dispuesto a un nuevo reto. Le veo igual y le envidio, tiene 62 años e ignoro cual es su secreto para mantenerse incorrupto. Yo me fijo en la mirada de la gente para comprobar el paso del tiempo. En la de él nada ha cambiado un ápice, sigue mostrando un cerebro ágil y lleno de conocimiento. Me imagino que él sí habrá visto en la mía el paso de los años.

Es un hombre eminentemente practico. Es un hombre austero, coqueto, pero sin ostentación alguna. Sus pantalones van a juego perfecto con su camisa a cuadros y su chaqueta de punto azul cerrada con cremallera, lo que le proporciona un aspecto juvenil. Se viste con traje y corbata en los actos oficiales y cuando no está en ellos, viste cómodo, como un prejubilado que sale a pasear tranquilo por su bonito jardín de césped y flores. 

He trabajado en varias ocasiones con ese hombre. Nunca había sobrepasado con él la intimidad de lo profesional. Como mucho le he visto cansado, nada más. Tiene esa extraña virtud de no darse por vencido. Es un hombre comprometido con los proyectos y de él nunca olvidaré una frase: "Duermo con el móvil entre las piernas". 

Su única intimidad de la que tuve conocimiento, y porque me la mostró, fue una amante, una compañera de trabajo, de la que después he oído que se dice que es ninfómana. Curiosamente, este hecho no me cuadra con él. Ya sé que es muy tonto pensar así, pero este hombre es para mí como una especie de manual ético y deontológico para una vida al servicio de cualquier patria o proyecto, y una amante, además de entretener, disturba la cabeza. No va con él, pues debería de ser un esposo y un padre de familia ejemplar, un hombre perfecto. Pero supongo que no existen las personas perfectas. 

Comemos, y sin venir a cuento empieza a hablar de su dedicación a una ONG. Me sorprende con aquello. De pronto me empieza a hablar de reclusos en el módulo del respeto. ¿Qué significa eso del módulo del respeto? Bueno, me dice, son reclusos que pactan resolver todas su diferencias con otros reclusos o con los propios celadores a través del dialogo. Y si se saltan la norma vuelven a módulos más jodidos. 

Ha estado dando clases en esos módulos, ha llevado a famosos, a astrónomos, a doctores en magnetismo que han inventado válvulas para eliminar el problema de las pérdidas de orina de las mujeres y que consiguieron que les comprara la patente Dodotis para luego enterrar el invento. 

Me habla luego de las cárceles de mujeres, y me dice que es otro mundo, que ha sufrido allí dentro, que son centros inmundos incomparables a las cárceles de los hombres. Me habla de la necesidad de afecto que tienen las mujeres, de cómo se emparejan rápidamente, haciendo una de hombre y la otra de su mujer. De cómo le tocaban y le olían. 

Le pregunto porque hacía eso, y me responde que para devolver a la sociedad lo que la sociedad te ha dado. Me deja desarmado. Pienso en si será verdad y viniendo de él, claro que es verdad. Me siento pequeño y como mínimo, lo cuento. 

 

 

 

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