Colono 29

por Fausto Lipomedes  -  26 Febrero 2014, 23:42  -  #Colono

Esperé, esperé fumando en el coche y ocultándome a los dos hombres que había allí, uno bajito y otro más alto, muy bien vestiditos y conjuntaditos.  Las dos mujeres aparecieron de improviso, no sé de donde salieron pero de pronto estaban junto a los hombres.  ¡Joder! con las universitarias.  Tenían más de treinta y muchos. Una era, resumiendo, horrible. La otra tenía algo que me interesó. 

Una era alta y malhecha, ancha, gorda, macizota, de caderas altas, sin vergüenzas, de cara hinchada enrojecida por el colorete, de carnes descolgadas, de ojos saltones que parecían adhesivos, de labios gordotes pintados de rojo, promiscua, envalentonada, de las de lanzarse a la piscina porque todo está ya perdido, de a ver quien cae, de culo alto, sin forma, con vaqueros negros llenos de arrugas porque la cintura es muy ancha para ocultar el vientre, sin pechos, con un lunar en uno de ellos, cuello abultado, cabezona con pelo escaso teñido de rubio y peinado con un flequillo pegado con laca a una frente y unas sienes pálidas. En definitiva, un desastre de ser humano.  La otra era una niña bien venida a menos, atractiva, y con treinta y tantos años en el cuerpo, vientrecito, unos pechos preciosos, unos ojos negros hundidos y parapetados por dos ojeras, pelo descuidado recogido en una coleta, un vestidito azul oscuro salpicado de lunarcitos blancos, gracia al andar y mirada triste, rostro anguloso con huesos que daban una expresión severa que parecía no encajar con el personaje, una mujer madura. Nunca había estado con una mujer madura. Intenté averiguar que nexo unía a ambas, pero fui incapaz de encontrar uno. 

Salí del coche y me presenté, las dos mujeres me reconocieron de arriba a abajo.  La fea y gorda fue clara. 

--Si alguien se raja que lo diga ahora, que ya nos ha ocurrido más veces que nos han dejado colgadas--. 

En realidad lo que quería decir era: ya sé que soy fea y horrible, así que si os resulto muy repugnante decidmelo ahora y largaros.  Aquello sólo tenía como finalidad follar al final de la noche y yo quería entrar en el juego a ver si me tiraba a la niña pija venida a menos. 

Con ellas vino otro chico afeminado de pelo débil y carita de ratoncito hambriento, que también mostró cierto interés por mí.  La noche empezaba bien, las dos mujeres, por unanimidad se metieron en mi coche.  La gorda delante y la que a mi me interesaba detrás. Ibamos a la zona de copas de la ciudad.  Las primeras frases fueron formales, me preguntaron lo típico y ellas me contaron que en aquella ciudad ellas eran pioneras en eso de los contactos por anuncios.  Me hablaron que en Buenos Aires el tema estaba mucho más extendido.  Yo no iba a ser menos, así que improvisé y les conté como estaba el asunto en otras ciudades y de la cantidad de gente que conocía a través de anuncios a lo largo de todo el país.  No me sentía muy cómodo, tampoco muy incómodo, me jodía que la gorda fuera delante. Sus muslos desbordaban por los extremos del asiento, sacó un pitillo, tenía las uñas largas y pintadas, lo odiaba.

27 de febrero, felicidades!!!!

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