Colono 27

por Fausto Lipomedes  -  21 Febrero 2014, 01:07  -  #Colono

00236.jpgNo sé si los pecados de la carne son veniales o mortales. Dejémoslos en veniales, más que nada porque dice la doctrina cristiana que no hace falta culparse por ellos, al contrario que por los mortales. Sólo son pequeños escollos que te encuentras en tu camino, chapucillas en tu ruta hacia la perfección. Lo cierto es que son distintos a otro tipo de pecados. En los pecados de la carne descubres muchas cosas sobre ti mismo, e incluso puede que el otro pecador acabe desarmado ante ti confesando sus más profundas intimidades antes de pasar a la intimidad compartida.

Siempre he pensado que somos animales programados, que en nuestro cerebro llevamos comprimido un programa que va desenroscándose a medida que somos sometidos a estímulos, y que así ha sido desde que aparecimos sobre la faz de la Tierra Madre. Lo que somos capaces de desarrollar con cada uno de esos estímulos depende de nosotros mismos, y en gran medida de lo atentos que estemos ante ellos.

Así las cosas, creo que todos hemos de vivir lo que nos corresponde en cada momento y que lo no vivido en el espacio de tiempo adecuado, más tarde o más temprano lo vivirás. Nada queda sin desarrollarse, nada queda atrofiado, todo crece y emerge, aunque a veces no sea en el momento adecuado, creando situaciones incómodas o asombrosas para otros, pero es que es irremediable. 

La vida es caprichosa, o simplemente con una capacidad única de sorprenderte, porque la vida es todo, es un tremendo torrente imposible de retener y encauzar. Quizás querer organizarte dentro de ella, querer domarla, doblegarla, acomodarla a tu forma de pensar o de querer vivir, sólo consiga dejarte fuera de ella. 

Por razones que no tienen apenas importancia hoy ha vuelto a mi mente, más de 40 años después, mi amiga Rosita. Y ahora pienso, que así se llamaba: Rosita, no Rosa. Y Rosita era una niña pizpireta con dos trenzas rubias y un cuerpo menudito con la que me metía mano en el autobús del colegio. Y la recordaba y sonreía, aunque ya soy incapaz de recordar su rostro, sólo sus dos coletas. Y tampoco recuerdo las sensaciones de aquellos tórridos encuentros en el bus escolar. Ella se sentaba sobre mis piernas y manipulaba mi miembro que obviamente se ponía tieso. Y sin mirarnos nos dejábamos llevar por las sensaciones y los descubrimientos. 

No sé que ha sido de Rosita, no se quien será ahora, que fue de su vida, si tiene hijos, a qué se dedica, con quien comparte su vida, si es feliz, si se ha divorciado una o dos veces, o si no lo ha hecho, o si comparte su vida con otra mujer, o si ya ha muerto. Pero he tenido un momento de abstracción y he pensado que me gustaría que ella también recordara aquellas tardes de autobús, y que igual que yo recuerdo de ella que era pizpireta y sus dos coletas, que ella también recuerde algo de mi, sólo algo, una o dos ideas que no haya olvidado y que como a mí, le sirvan para recordarme como yo lo hago cuando, caprichosamente, la vida quiere. Por eso, me encantaría haberte conocido de girl-scout,

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