Colono 24

por Fausto Lipomedes  -  13 Febrero 2014, 23:02  -  #Colono

Sigo en el balcón, jugando con mis piernas en los barrotes. Mi padre sigue hablando. Bajo la cabeza y apoyo mi barbilla sobre la barandilla a veces. Mi padre me explica cosas del organismo de mi hermana, algo muy técnico e íntimo y que me estaba causando muchas vergüenzas.

Tal como lo pintaba pensé que mi hermana debería de estar pasándolo muy mal, y sobre todo que le pasaban cosas mucho más complicadas que a mí.  De pronto mi hermana se había hecho mayor y yo seguía anclado en una remota infancia de la que, sinceramente, no quería salir.

Mi padre era un hombre serio. Supongo que aquella conversación debía de ser costosa para él. ¿Cuántos días estuvo pensando en ella y dándole vueltas al guión? Yo no sabía que actitud externa adoptar. La verdad, el tema no me resultaba nada interesante, pero mi padre me infundía tanto respeto que debía de interpretar con gestos y actitudes que su narración levantaba en mí ansías de conocimiento.

La cosa iba bien, era muy fácil, sólo tenía que esconder mi vergüenza y esperar que la platica acabase. Pero no, mi madre se había chivado a mi padre de que algunos de mis calzoncillos estaban manchados de esperma, debían de ser poluciones nocturnas, pues por aquel entonces era un auténtico ángel. En un momento determinado mi padre me hizo la gran pregunta: ¿te masturbas, verdad?.  Otra palabreja compleja.  Yo no sabía que era aquello, aunque ya había oído hablar de ello en el colegio. En todo caso, me pareció mucho más complejo decirle la verdad: No, no me masturbo, que decirle una mentira: sí, sí me masturbo. Esa es la gran y primera mentira de mi vida, o al menos la primera que recuerdo. 

Mi padre oyó mi afirmación como si ya lo supiera y, en pocas palabras, sólo me dijo que los hombres tenían problemas, tensiones, quebraderos de cabeza, y que era lógico hacer aquello de vez en cuando para relajarse, pero que no abusara de ello.  Yo asentí, y aquella misma noche empecé a experimentar como relajarme de todos mis problemas, y descubrí el fascinante e inacabable mundo de la sexualidad, que desde entonces vive conmigo y que, en cierta medida, puede explicar el mundo y algunas conductas de las mujeres y los hombres. 

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