Colono 13

por Fausto Lipomedes  -  23 Diciembre 2013, 00:19  -  #Colono

Hoy hemos comido lentejas. Antes hemos estado en la piscina. A la vuelta damos de comer a los perros, luego nosotros, y ella se ha ido a echar un siesta. He subido a ver si hacíamos el amor, pero no ha habido. Acabo el día espachurrando un mosquito en el cuarto de baño, y es un auténtico placer. 

El día siguiente es un tanto complicado. Hemos bajado a Madrid. Hemos ido al ambulatorio, puesto que S. tenía que ser recetada para adquirir pastillas. Toma muchas pastillas, unas contra la depresión, otras contra la alergia y aún otras más no se exactamente para qué. De allí, eran ya la una, hemos ido al trabajo. Es verano, por loa ue hay poca gente. Abro mi ordenador y tengo un mail de O.G. diciendo que estaba muy cabreado, yo he pensado que algo había pasado, pero no, sólo estaba cabreado por volver al trabajo. Hemos quedado en comer la semana que viene. También he hablado con P.C., me ha tenido 30 minutos al teléfono, igual: deprimida con la vuelta al cole, y además con presagios jodidos sobre presupuestos y no sé que gaitas más. Me están acojonando. Tengo una sensación rara. Tengo la sensación de que cuando vuelva ya no va a haber nada, nada de nada. Supongo que eso es síntoma de que he logrado desconectar en el campo. 

Del trabajo nos hemos ido a la casa de Madrid. A los pintores se les había ido la luz. He bajado a los contadores y menos mal que tenía una llave que abría la puerta de abajo. Han dejado bonito el piso (azul celeste tirando a morado, diría yo), a gusto de S. Vuelta al campo. De nuevo hemos discutido por si S. se cogía su coche, que si sí, que si no, total discusión. A veces me cabreo con ella, es como si no supiera que quiere hacer o como lo va a hacer o cómo planea hacerlo. Hemos hecho las paces, y al llegar se ha subido a echar una siesta. Le está llegando la regla y está mimosa. Yo he dado de comer a los perros, ella devora, el está más pasota con la comida. 

 

Tras ello me he arrancado todas las plantas marcianas de la entrada, he sudado un poco que es lo que quería. Cuando he acabado se ha levantado S. y hemos decidido ir a dar una vuelta. “Dame cinco minutos”, me ha dicho ella. Las nubes de tormenta se cernían sobre nosotros, creo que han pasado siete cuando la he gritado desde abajo. Ha salido por la ventana del dormitorio, también ha levantado el tono ella “Jolín, te he dicho cinco minutos, estoy haciendo cosas, ahora voy o si no vete tu”. Vale, lo siento. Cuando ha bajado, un minuto después, e íbamos de paseo, se ha puesto a llover, vuelta a casa. Al perro, al gran mastín le asustan las tormentas, así que se ha metido debajo de la estantería y nada, de ahí no ha habido quien le saque. Escampa. Yo me voy sólo con la perra y volvemos justo cuando empieza a caer el diluvio universal. El perro muerto de miedo y a la pera le vuelve a sangrar la cola. Decidimos que se queden dentro de la casa. El mastín empuja todo lo que le estriba con su cabezón, quiere meterse por todas partes. La perra danza mientras tanto manchando todo de sangre, desconcierto. S. se activa y me echa una mano con ellos. Se calman, pasa la tormenta, hablo con S., besitos. Mañana llamaré al Centro Veterinario para ver si acerco a la perra a que la vean. Me he duchado y he matado otro mosquito,

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