Avances en el bienestar

por Fausto Lipomedes  -  14 Abril 2011, 00:20  -  #Nueva etapa

Después de mi día de ayer, dedicado al desarrollo social y económico, hoy, siguiendo tus consejos,  he decidido darle un empujón a mi bienestar.  He tomado la decisión a eso de las seis, estaba frente al ordenador abierto, sin saber muy bien qué hacer. Así que me he ido a casa. Hay una ferretería en la esquina de mi calle. He parado y he comprado uno de esos tendederos portátiles. También siguiendo tus consejos, me he decidido por un de 12 euros frente a otro de 43 que, muy bien,  no sé en qué se diferenciaba del que me he llevado. Tampoco el tipo dela tienda lo tenía muy claro. Lo subo corriendo a casa, me lavo la cara, y bajo a Callao, al puto Corte Inglés. Allí subo a la planta de lencería del hogar, donde afortunadamente, hay dependientas que bien podrían ser tu madre, tu abuela o tu tía abuela. Les he rogado que me buscarán un equipo de cama en colores suaves. De 1,50 por 1,80. Ya no hacen de 1,80, todos de 2 metros. Ah, pues vale. Me tratan con dulzura, algo empalagosas, pero se desviven por buscarme lo mejor.  Creo haber elegido uno precioso, casi blanco, con tonos pastel, rayas suaves, una maravilla. También quiero dos almohadas, y ya puesto, me ponga un juego de tollas. La broma casi 300 euros. Salgo con dos bolsones enormes y cruzo Gran Vía pendiente de la cartera en mi culo. Subo entre prostitutas aburridas hacia casa. Ascensor, llaves, puertas y dejo las bolsas apoyadas en la pared del salón. Vuelvo a bajar a comprar detergente, y suavizante, ah, y un litro de leche. La mejor opción el Día. Vuelvo a subir. Por fin me voy a decidir a poner una lavadora. Elijo programa, con cuidado, aprieto botones y la máquina no va. Pienso, pienso, hasta que llego a la conclusión de que igual está la máquina desenchufada. Efectivamente, empieza a rodar. Mientras coloco el nuevo equipo de la cama. Odio meter edredones dentro de la colcha. Al final lo consigo. Está realmente acogedor, mucho mejor, precioso. Dos hermosas almohadas, una de ellas vacía. Me siento en marcha. Algo de música, una ducha, y a poner mi nuevo tendedero que ocupa parte del salón. Acaba la lavadora. Habré de afinar con los programas, la ropa se me antoja un poco húmeda. Todo es cuestión de ir probando.  Tiendo,, veo mi obra, me siento un hombre renovado.

 

Mi casa esta llena de plásticos, de bolsas, de cartones, decido bajar la basura. Vivo en un barrio de gente madura, progre. Barrio de profesionales liberales, matrimonios de cuarenta modernacos, con niños pequeños que gritan igual que en Móstoles o en Alcorcón. Esto está lleno de normas, la gente es amable, educada, abierta, siempre sonríe, parece que la vida va de puta madre,  gente de ideas de izquierdas supongo, me los puedo imaginar en soleadas mañanas de domingo con los niños sobre los hombros en marchas contra la energía nuclear, a favor de causas justas, con palabrejas cómo integración, multiculturalidad, reflexión, espacio multidisciplinar, multirracial, gente de bien, gente que avanza, y que quiere que el mundo avance con el respeto y la tolerancia. Pero hoy he bajado la basura y alguno de estos representantes de la modernidad democrática ha arrancado mi nombre de mi buzón, simplemente porque lo pegue con dymo (me quedó precioso), mi nombre y mi apellido. La norma debe de ser que el nombre hay que meterlo dentro de la chapita de plástico, al igual que están todos los demás, tan ordenaditos y tan monos en este espacio comunal vecinal de convivencia y libertad. Miro mi buzón, sonrío, pienso en mi edredón y se me pasa por la cabeza poner con rotulador de esos que no se borran, sobre el flamante metal, mi nombre, grande, imborrable, perenne, simplemente por dar por el culo al nazi que impone sus normas en nombre del orden y la sana convivencia. Subo a mi casa. Voy derecho al cuarto, está precioso, tal como dijiste. Más comodidad, más bienestar. Me siento en la cama y a mi cabeza viene Edward Hopper.

 

HopperY entiendo porque cada vez me gustan más sus cuadros, pues me siento como sus personajes,  tan terriblemente solo.

 

hopper.hotel-roomY recuerdo sus cuadros y veo en ellos una representación plástica y de colores de la soledad, del hastío de la vida en la gran ciudad, y pienso en los años en que pintó, y en la Gran Depresión del 29, y en la desesperanza que creó.

 

hopper-nighthawksY veo algo de Goya en ellos, y sus hombres y mujeres, sin hablar, mudos, aislados, y los viajantes, siempre de paso, y las habitaciones de hotel, y el silencio, y las casas cerradas, y sin habitar.

 

 edward-hopper-excursion-into-philosophyY pienso en ti, y miro la cama y me quedo mudo, como dentro de un cuadro, muerto y aturdido por un presente sin esperanza, y aún así hay belleza en ellos, la belleza de la soledad, un tema que él convirtió en arte. 

 

Hopper-Sunday

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: