Apartamento 3

por Fausto Lipomedes  -  20 Noviembre 2014, 00:34  -  #Apartamento

Y como digo, los meses fueron pasando. Ella seguía viviendo con aquella otra mujer mayor, y aprovechábamos viajes de esta última, para pasar fines de semana en aquella casa. La recorríamos, y ella me iba mostrando secretos de su casera. Comprábamos provisiones y ella preparaba cenas y comidas. Yo, como siempre me ha ocurrido, me sentía incómodo, pues sólo estoy cómodo en mi casa, entre mis cosas.  Hablábamos, comíamos, follábamos y salíamos a dar una vuelta en aquellos fines de semana, en los que me sentía desplazado. Otros ella venía a casa, una casa destartalada en el campo de la que ya os he hablado. Aquí, las rutinas eran las mismas, ella preparaba comidas, follábamos y salíamos a dar una vuelta, pero por el campo, en aquellos fines de semana en los que yo me sentía invadido.

Durante la semana nos nos veíamos todos los días. También me presentó a algunas amigas, cada una de su padre y de su madre. No había nada común entre ellas, si exceptuamos las circunstancias.

Poco a poco iba viendo su fondo de armario. No entiendo de ropa, pero a aquella mujer le faltaba un aire juvenil. Apenas tenía vaqueros ni zapatillas de deporte, y me la imaginaba en el campo, pero vestida de verde, con ropaje de caza. Se decantaba por vestidos tipo boda, de modista, con escotes amplios y generosos que llevaban, a través de su piel blanca con un lunar, hacia sus inexistentes pechos. Usaba medias, pantalones acampanados ceñidos a su cintura, tenía unas caderas anchas, y al andar las movía. Estaba acostumbrada a desfilar más que a caminar. Cada vez que aparecía un macho en su camino, se contoneaba dejando caer la cabeza a un lado, en un modus operandi muy profesional. 

No recuerdo muy bien como era nuestro sexo. Las primeras veces que lo hicimos fue con violencia, y comentó que acababa de descubrir cómo era lo de follar.  Me sorprendió y deduje que no había tenido muchas experiencias. Supongo que aquello, como a todos los hombres, hizo subir mi autoestima, aunque con el paso de los años, empiezo a dudar si lo dijo de verdad, o simplemente era más listas que yo y sabía lo que me gustaría oír aquello. Sé que le atraían las mujeres también, porque me lo dijo, y pensé que podría ser interesante, dado que me produce un especial morbo el amor entre mujeres, pero nunca ocurrió nada de ese tipo, creo que admiraba de ellas su capacidad de ser mujeres, su capacidad de atraer y seducir para poder copiar sus técnicas. En fin, asi pasaban los meses. 

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