Anemía

por Fausto Lipomedes  -  30 Octubre 2014, 00:15  -  #Las razones del diablo

Vaya temporadita que llevas Lipo-, le digo a Lipomedes. 

Bueno, hay cosas buenas-me dice él. ¿Sabes?, ahora llamo a mi madre casi todas las noches y consigo mantener con ella conversaciones casi normales. Ya no me dice “te quiero”, cada vez que se despide. Lo cierto es que antes, cada vez que la llamaba, que solía ser una vez a la semana, tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano. No hablábamos de nada, no había nada que contarse,  y era terrible oirla decir “te quiero” cuando se despedía. Ahora, tampoco pasa mucho más, no hay novedades, pero al ser la llamada diaría, es más normal que nada ocurra.  Además, he conseguido que se despida sin la necesidad de esos te quieros de mitología griega, vale un “hasta mañana”. Digamos que…es todo más normal, más liviano,, más como debe de ser. 

-Como me alegro-le digo. 

Gracias-, me responde. En realidad en parte te lo debo a tí. 

Yo me río. 

En serio, no te rías-me dice Lipomedes. 

¿Sabes? -continúa-, cada vez que he contado la relación con mi madre he construido yo el relato, ya sabes, rellenando los huecos, justificando y razonando los motivos. Yo construyo el problema irresoluble, y yo mismo explico sus razones. Contigo -continúa-, ha sido diferente.  Te lo he contado sí, pero al verte con ella no te ha mediatizado mi relato. Te has limitado a obviarlo y dejarte llevar por tus propios instintos, partiendo de cero. en realidad, creo que te he copiado, borrón y cuanta nueva, partir de cero, reconstruir o acabar de construir, retomar las obras. Gracias. 

Sonrío a Lipomedes y siento una inmensa alegría por él, pero le veo triste, hoy tiene un mal día, un día apesadumbrado. 

Bueno, le digo, pero a pesar de ello, te veo triste, le digo. 

Sí, me responde con la mirada algo perdida. La verdad,  lo estoy. Creo que tengo una anemía de tristeza, una anemía incurable, supongo que excesiva soledad, a veces pienso en esa frase que oía en misa, o en sé dónde cojones: no es bueno que el hombre esté solo. Me da vueltas en la cabeza. Subo en la bici, y ya sabes lo que ocurre en ella, los pensamientos se repiten como martilleos con cada pedalada, sobre todo si es cuesta arriba. Piensas, piensas, la idea, el pensamiento se estanca en el cerebro y con cada palpitación mental se repite la idea, obsesivamente, avanzando hacia ella, no vas a ningún sitio, sino hacia esa idea a la que nunca llegas, no hay destino sino repetir la idea en tu cerebro, machaconamente, en cada vuelta de pedal, tu y tu solo contigo repitiendo ritmicamente el movimiento, oyendo la goma avanzar en el asfalto, entrecerrando los ojos, abriendo la boca, la idea, que vuelve y vuelve, y miras a un punto en el horizonte y bajas la mirada, y ves tus muslos, tus rodillas, tus pies y levantas la vista, y vuelve la idea, y el punto del destino, y entre la fatiga, avanzas con tu idea, soportando el esfuerzo, sin siquiera buscar soluciones, sólo avanzas, sin destino. 

Joder Lipo, le digo. 

¿Qué?, ¿no lo ves? Todo se desmorona. 

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