Euforía convertida en memoria

por Fausto Lipomedes  -  29 Septiembre 2009, 15:02  -  #Cosas de todos los días

Con nubarrones ha empezado el día, con iguales nubarrones con los que me acosté ayer. Me he levantado temprano, aún había luces eléctricas por la carretera. Se notan ya, y mucho, los días. Ya ha encajado el otoño y, como todos los otoños, parece que no disfruto de él. Día complicado a priori y encima amenaza lluvia, pero ahora, a las cuatro de la tarde, ni una gota. Día de silencios, de silencio, de murmullos y de ruidos que sólo escucho. Día de transporte público para trasladarme de un sitio a otro; un día sin ti, que vacío. 
Recorro Madrid con los jubilados, que parecen llenar los autobuses. Los obreros parecen meterse dentro del vehículo. Ya nos hemos acostumbrado a este paisaje de chaquetillas amarillas fluorescentes y baldosas de hormigón, y excavadoras y taladradoras, y volquetes. Me da igual, por mi pueden agujerear la ciudad tantas veces como quieran. Me pueden agujerear a mi también, que seguro que me levantaré, miraré mis boquetes y seguiré andando,, yendo donde tuviera que ir.
Vislumbro el ayuntamiento, hoy más tranquilo pues el maléfico alcalde esta en no se dónde a ver si nos dan la candidatura olímpica. Ya nos dicen los medios de comunicación que lo tenemos difícil. Es un eufemismo para no decir que imposible, aunque el maléfico y su equipo lo saben desde hace tiempo, y nosotros también. Tengo una corazonada, una mierda de corazonada, una corazonada pésima, negra y roñosa, la que tenemos todos, y no tienen que ver nada con los putos Juegos.
Ya empiezan a instalar la Feria del Libro Viejo. Se amontona las cajas frente a los puestos. A partir del 1 de octubre, como todos los años, uno tras otro, las mismas cosas, los mismos hechos, separados por un período medido. Rutina y más rutina. La vida es un ciclo, un sube y baja, una explosión y la nada, la euforia que se convierte en memoria y ésta en olvido. Un beso  
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