Ciego, que no necio

por Fausto Lipomedes  -  21 Septiembre 2009, 11:00  -  #Cosas de todos los días

Todos deberíamos tener un perro lazarillo que nos guiara un poco en esta tumultuosa vida. Un perro lazarillo que no nos dejara meter la pata y que nos llevará con paciencia y abnegación hacia aquellos lugares a los que queremos llegar para luego estar en ellos. Todos necesitaríamos disponer de una ayuda extra en ciertos momentos de nerviosismo, en esos momentos en que la cabeza funciona como una olla a presión por la cantidad de conflictos; en esos momentos en los que queremos parecer controlarlo todo, cuando en realidad no controlamos nada. Muchas veces. yo al menos, nos quedamos ciegos y vamos dándonos con las esquinas y tropezando con la gente, y en algunas ocasiones te llevas por delante cosas queridas porque sólo te importa tu problema y cómo resolverlo. Puedes llegar incluso a rozar el sacrificio de lo que sabes es vital para ti. Supongo que se debe a que descargas tus frustraciones con aquello que crees va a soportarlo todo. Supongo que creemos que lo que tenemos a nuestro alrededor está ya ganado y no hay que reconquistarlo cada día. Gran error, gran riesgo, porque jugamos en el filo de la navaja, junto al abismo de perderlo todo. 
No quiero perderlo todo. No quiero morirme anónimo y ser sólo recordado un rato. Quiero hacerme amigo de este tren que me saca desde hormiguero hasta el horizonte donde te veo a ti, barrido tu rostro por el pelo. En mi pituitaria está el aroma del ángel, y con el tus abrazos de anoche, y con él, mi necedad. Y nunca aprendo, va siendo hora de aplicarse. Te quiero.   
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