Luto

por Fausto Lipomedes  -  18 Septiembre 2009, 11:45  -  #Cosas de todos los días

Mismo lugar. distinto día, distinta mañana. No es cierto que todos los días sean iguales. Anoche estuve viendo con mi chica La Casa de Bernarda Alba. Extraordinaria disección femenina, ambiente opresor, cargado de perjuicios, falsa moral, educación castrante de la mujer para convertirla en una sumisa del hombre, dispuesta a aguantar todo sólo por el hecho de poder ser su esclava. El interior frente al exterior, el drama, la tragedia, la rebeldía que nada puede hacer frente a la rancia moral, excepto desaparecer, única forma de poder saltar sobre ella, sobre el qué dirán  aplastante, como una especie de tonto amorfo gigante que devora a su paso la vida sin siquiera reparar en ello. Me recordó la obra a tiempos pasados vividos incluso por mi en la infancia, e incluso en la adolescencia. Aquellas tardes aburridas de Semana Santa, sin música en las emisoras de de AM, sin tele, sin poder correr, reír o cantar. Había que guardar luto, simular dolor por el luto, pues Jesús había muerto. Aquella tristeza acababa en un día de ramas de Pascua con las que siempre acababa manchándome la ropa. Las palmas aquellas eran verdes, y solían llevar mosquitos, bichitos entre sus ramas. Con las ramas íbamos a la iglesia en el domingo de resurrección. Los curas mostraban a los santos, las imágenes de Jesús, de María, del niño, después de haberlas tenido tapadas con mantos granates durante toda la semana. De pronto, podías correr, chillar, e incluso perseguir al amigo de turno, tirarle del jersey o recibir una patada. Absurdo paripé que todos asumíamos sin sentir nada nadie, ni yo, ni mis padres, ni mis vecinos. Aquello era así, y no había discusión ninguna sobre algo irrazonable. En aquellos mismos años, Catherine Hepburn, mantenía un amor grandioso con Spencer Tracy. Este último, días después del rodaje de "Adivina quien viene a cenar esta noche", tomando un café cayó al suelo muerto. Catherine fue hasta la cocina, le vio muerto y dijo, Spencer se ha ido, ni siquiera fue a su entierro y nunca ha dejado de recordarle y agradecerle aquel amor.  
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