Días sueltos

por Fausto Lipomedes  -  12 Septiembre 2009, 17:08  -  #En Bicicleta

A veces las cosas se ven turbias. Todo sigue igual fuera, pero tú lo ves turbio, o quizás es que te fijas menos en ellas. 
A veces las cosas se ven turbias porque ni siquiera las miras. Simplemente ocurren  a tu alrededor pero tu no reparas en ellas, vas ensimismado en las tuyas, que te carcomen el cerebro, sobre todo aquellas que no tienen solución, aquellas irremediables que obedecen a causas externas, pero que te afectan de lleno. Paso de hablaros de economía, de recursos humanos, de despidos o de reestructuraciones. No es que me vaya a tocar, al menos de momento, es mucho peor cuando tienes que decidir tú y tomar las decisiones. Viernes gris, no por la climatología, aunque ahora mismo, hoy sábado, esta lloviendo y huele a tierra húmeda.  Viernes gris, por fin viernes, ya estoy fuera de la rueda, ya soy yo, y no dependo de nadie, ni nadie depende de mi, quizás por eso los fines de semana sean tan amables y den la sensación de que son tan sueltos, días sueltos. 

Corriendo, huyendo, me he vuelto a subir a la bicicleta esta mañana. Parecía tener ganas de pedalear y sentir el esfuerzo. Ha sido una mañana plena. Curioso como el cuerpo va ganando fuerza y vas yendo a más,  a más. Es el delirio del deporte, es el delirio del esfuerzo, es el delirio de querer más, delirio peligroso si lo mides con números, con cronòmetros o con maquinitas de sensores que convierten en datos lo que comienza siendo ocio y placer.  No es mi caso, quizás por mi edad, quizás porque nunca he sido competitivo, quizás porque la conversión en competición de cualquier actividad deportiva te hace perder montones de detalles de la misma, tantos que al final borra el placer del ejercicio. 

Me he ido de pueblos,  te dan esa tranqulidad de lo sencillo y de lo esencial. Los pueblos, impasibles, ajenos al progreso, sólo se cuidan, se remodelan, se remozan, se blanquean o se sustituyen las tejas de los tejados, sólo eso. A veces me pregunto porque no he nacido en un pueblo.
Determinante es el lugar donde nacemos, determinante lo que vemos cuando nos asomamos por la ventana, determinante lo que pensamos y soñamos desde ella, lo que buscamos en el horizonte que vemos, lo que nos gustaría encontrar tras él, pero siempre volvemos. 

He tratado de dejar la mente en blanco durante todo mi viaje, pero ha sido imposible. Un pensamiento sedado pero vivo ha ido conmigo todo el camino. Me ha hecho estar serio, incluso concentrado en mi cadencia, ajeno, como ayer, a lo externo. 

A veces es una cuestión de apretar los dientes, de aguantar la respiración y de dejar pasar el tiempo. Nos entran ganas de tomar decisiones, nos entran ganas de buscar soluciones y muchas veces no las hay. Igual que una herida se cierra sola, con el tiempo, los problemas también. Pero tenemos esa jodida cultura de la solución inmediata. Al menos yo reacciono así en un primer momento, pero luego recapacito y el siguiente paso es darte un tiempo, limitado. Tras él, y si no emerge la solución, es cuando hay que tomar la decisión, decisión que has podido meditar en ese tiempo que te has dado.  

Mi amiga. Curioso, son femeninas las bicicletas, y en verdad que lo son. La mía es silenciosa, la mía es sufrida, nada coqueta, dura, segura, abnegada, no protesta, sube y baja, fiel, fiable, robusta y suave a la vez. Mi bicicleta, la que me da esos ratos entrañables, la que nada exige, ni tampoco regala nada. Sabia bicicleta, siempre dispuesta, a veces la echo de menos, como a ti, a quien mañana veo, y estoy deseando.  
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