Si como te ríes, te sigues riendo, ¿qué problemas tienes?

por Fausto Lipomedes  -  3 Septiembre 2009, 22:12  -  #En Bicicleta

Por tercer día consecutivo me he mantenido sobre la bici. mi cerebro está asombrado, y mi cuerpo más vigoroso. A veces, entre ellos, piensan de manera distinta. He vuelto a ver signos de la muerte del verano. Los campos tienen un amarillo oscuro, han llegado a la máxima escala de su gama, ya no les queda más vida y habrán de volver al verde. Los árboles peinados por el viento, inquietos los pájaros y un cielo antes blanquecino, ahora más oscuro y profundo. 

Feliz andaba correteando por los campos, feliz de ser una cosita, sintiéndome único y privilegiado, sin explicarme porque vacio estaba mi recorrido y no repleto de gente como otros sitios de los que huyo. Pensando en lo mismo de ayer, en las mismas cosas, pues pedaleando, no tienen cabida las cosas livianas, sino las más profundas, las más eternas. Pensando, por lo tanto en ti, sacando fotos para ti, tratando de compartir contigo estos momentos mediante aquellas cosas que veo, y que si a mi lado estuvieras, te señalaría para que las vieras tu también. Libre, creo que feliz, inconsciente como suelo serlo, y acordándome de ti. Una especie de alegre conejillo, de ratón de campo ajeno a las aves de rapiña, disfrutando de la paja y de la pronta muerte del verano. 

Te hacia descansando mientras miraba por tí. Te hacía despertando de tu cansancio, desentumeciendo tus músculos, olvidando el pasado y mirando al futuro, y una vez más, el vacío que se crea entre dos tiempos paralelos se cuela entre nosotros, creando esa ignorancia del uno con el otro, esa ignorancia de lo que sentimos, y de lo que pensamos. Lo que yo creía que te ocurría no era cierto, sólo imaginaba basándome en mi tiempo y en mi espacio, y desde él, si no estás aquí, o yo allí, no puedo rescatarte del tuyo. 

Yaces melancólica y preocupada, hastiada del mundo, cansada del desorden de estos tiempos,  irritada ante la injusticia, ante el triunfo del reino de los bobos, de los cortesanos de labia fácil, y consecuentemente vacia, de los hechos que no son tal, sino sólo favores por un deseo. Mentes perturbadas, sin cuerpo, sólo putos ruines cerebros, insaciables animales siempre alertas, pues son especie débil, sin ideas, amorfas sus extremidades, calcamonias de celebridades, imitaciones de lo auténtico, patéticos personajes huecos y dime, ¿qué te preocupa de ellos?

Sómos pocos, lo se, él y yo en este momento, pero somos ciertos, dejamos huella en el camino, levantamos polvo con nuestro trasiego. Época difícil para lo auténtico, para lo bello, para lo bueno. Época imposible para la verdad, son tantos los tientos, son tantas las avaricias, los injertos. Sucumbío a lo efimero lo eterno, pero sigue habiendo caminos que cambían de color, fieles, duros, caminos sombrios, abiertos, rectos, culebreantes, sinuosos, siniestros, en todo caso, para recorrerlos. Avanzo por él, avanzo por ti en definitiva, y pienso en tu risa, esa sonora y abierta, esa espontánea, sin modular, esa explosiva, expresiva y tan entrañablemente cierta. Sonrio al acordarme de ella, intento contabilizar cuantas esta tarde, si conmigo estuvieras, hubiera oído. Sonrio y pienso: Si como te ríes, te sigues riendo, ¿que problemas tienes? Te quiero. 
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