Aliento de azufre

por Fausto Lipomedes  -  27 Agosto 2009, 08:11  -  #Cosas de todos los días


Hoy me siento como este pequeño trozo de jardin en medio de la gran ciudad. Una especie de rincón ridículo, un trozo de memoria, una especie de recordatorio de lo dura que es esta puta ciudad. Quizás un poco infantil el conjunto, con ese color violeta de estas flores que no se si son violetas. Ese color verdecito de la praderita ya emblanquecido por el sol, y sobre todo ello el verde intenso y duro de los gigantes magnolios del paseo del Prado. Estoy parado tras una pared de metal blanco sucio de una furgoneta de reparto, esperando al verde eléctrico del semáforo, pensando en mis cosas, todas revoloteando en mi cabeza, con una tristeza que ya es un poso, sumido en una especie de destino ineludible, anclado a una máquina de la que no puedo desengancharme, esperando paciente al ajetreo, a los imposibles, a la tensión que endurece el cuerpo y espesa la sangre hasta casi solidificarla. Creo que hoy estoy melodramático. 

Además de impulsivo, soy rencoroso, y puedo llegar a ser un gran hijo de puta. Se desatan mis rabias y mis iras, y me convierto en un ángel exterminador capaz de barrer países enteros, incluida su población, sólo con mi aliento fétido de azufre.  ¿Es verdad? Sí así es, no puedo remediarlo. Tengo un problema, supongo que muchos, pero uno gordo que destaca sobre todos los demás. Mi problema es: ¡Joder!, ¿qué cojones te pasa a veces? ¿Realmente, qué te interesa, te cautiva, te llama la atención? No se de nada, carezco de datos concretos, los busco y los escrutino y los olvido porque me aburren, sólo me muevo con ideas generales y vagas, y dispongo de una visión global del todo pero, no se cómo funcionan cada una de sus partes. Creo que todo, absolutamente todo, obedece a unas reglas simples que se repiten de manera infinita. Por ejemplo, me gusta observar las plantas, las flores, los árboles, me gusta observar como crecen, sus brotes, su apogeo, pero soy incapaz de leerme un libro de jardinería, mucho menos de botánica. Me aburren, me aterroriza sentir que canalizan mis sensaciones, que algo que pienso y siento sobre un asunto concreto, es erróneo, incorrecto, inadecuado, o incluso inexistente.

Hoy aparcaba el coche, hacía la maniobra marcha atrás, cuadraba el vehículo con la linealidad del bordillo. Llevaba la ventana abierta. Alguien de píe, en la acera me saluda. Le miro, no le conozco. Aún estoy maniobrando. Perdona, me dice él, puedes dejarme 50 céntimos para tomar un cafe. Sí, sí, claro joder, pero ¿me dejas que aparque el coche?. Sí claro, responde él. ¡Me cago en la puta!, digo casi para mis adentros. ¡Esto es la hostia! En ningún momento pienso en que no tenga derecho a mis cincuenta céntimos. Se me caería el alma si no le diera unos putos cincuenta céntimos a un tipo maduro, con cara de penuría, para tomar un café. Echo el freno de mano, rebusco en mi bolsillo y le doy 70. Por un momento se me pasa por la mente darle un euro, pero no se porque, me limito a los setenta céntimos. Luego me le he encontrado tomando el café, en el mismo bareto donde suelo tomarlo todas las mañanas. Su mirada de desesperación me escrutina. Ojos entrecerrados y cierto rencor en ellos. Le eludo la mirada, entiendo su rencor. Pienso que cuando salga va a ir a mi coche, le va a dar patadas o va a soltar una a mi espejo retrovisor. La violencia de la desesperación, contra la que es imposible luchar. 

Isabel Coixet, ¿se llama así? estrena nueva película. La he visto en esos postes enormes que ha puesto el Ayuntamiento de nuestro maléfico alcalde en las esquinas. La película se llama algo así como Mapa de los sonidos de Tokio.

Sí, así se llama, aquí os dejo el cartel. La peli va de un tipo español que tiene una tienda de vinos en Tokio y tiene un rollo con una tipa japonesa que resulta ser asesina a sueldo, supongo que de mafias niponas.  Isabel Coixet, la mujer gordita con gafas que parece que siempre se le están cayendo de la nariz, lo que me lleva a pensar que suda mucho, estrena película. No, no es una película nueva, es un trabajo nuevo. También oigo en la SER esta mañana algo sobre la película, una entrevista creo que van a tener sobre el tema, y también veremos anuncios en la tele, y apuesto que varias entrevistas sobre este nuevo trabajo en dominicales de la prensa. Isabel Coixet ya ha entrado en la maquinaria del marketing más brutal para vender sus películas pretendidamente intimistas, la misma maquinaria que se usa para venderte cualquier producto cinematográfico norteamericano de acción y ecatombres mundiales ¡que contradicción!. Isabel Coixet, ¿No puedes parar esto? Vi una película de Isabel Coixet. Iba sobre unos hombres en una plataforma petrolífera y uno de ellos estaba muy grave e intimaba con una enfermera, y va y luego la deja plantada o ella a él. Amores imposibles Isabel Coixet. Luego oi hablar a Isabel Coixet en una entrevista en la tele. Me pareció infantil su argumentario, con un discurso lleno de incógnitas, con un vocabulario extremadamente corto. Isabel Coixet me pareció una adolescente, la adolescente gordita y descarada, con guitarra y un poco alternativa que es capaz de hablar de intimidades con el guapo de la clase y lo único que quiere es tirárselo. 
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