En el garaje

por Fausto Lipomedes  -  25 Julio 2009, 17:25  -  #Cosas de todos los días

Dia once de mi vida sin ti. Estoy con mi hijo. Mi hijo y tu, las únicas dos personas que me compartis, que conocéis todas mis neuras, mis defectos, mi verdadera personalidad, la de sin máscara. La lejanía trae un horda de mensajes al principio, pero va produciendo un debilitamiento de la dependencia. Lo noto en ti, no llegan mensajes desde tan lejos, a mi me entra un sensación extraña de desconocimiento, de desacoplamiento, de no compartición de tu realidad que me lleva a dudar sobre el eco de mis mensajes. 

La lejania puede acabar con todo, mentirosa película la del doctor Zhivago. Se seca un poco el alma, y con ella más acartonada sigues viviendo. El recuerdo acaba con una puerta sin pestillo, que puedes abrir cuantas veces deseas, pero acabas sólo poniendo el oido contra la madera, y oyendo un rumor de añoranzas y del pasado.

Once días y diez noches, y parecen años. ¿Es señal de un amor debil tal desgaste o por el contrario la necesidad imperiosa de compartir es solo que necesitamos alimentar algo tan grande? 

No quiero vivir sin ti, no quiero volver a hacerlo. Absurda prueba, absurdo último tramo antes de la eclosión, una prueba más de resistencia de los materiales. Podremos hacer pues difíciles caminos, reconditos senderos, anchas vías sin baches, sin temor a rompernos. ¿Cuándo vuelves? ¿Volverás?

Lloré la otra noche con "mi cosita", me emocioné con "mi cosita", y como un tonto, las lágrimas, al menos cinco, rodaron por mis mejillas. Lejania, tristeza y alegria, emoción, todo junto licuado, caliente y salado. Te echo de menos, lo se porque estoy apagado, un poco acartonado y  tristón. Vuelve ya, quiero que esto acabe, espero en el garaje, con mi lona cubriéndome, oyendo fuera los días, las noches, el viento y el calor, resguardado de un mundo que, sin ti, no me apetece. 
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