Doble Mortal

por Fausto Lipomedes  -  28 Junio 2009, 19:33  -  #Cosas de todos los días

Yo no diría que el destino es caprichoso, yo diría que es un cabrón, y un hijo de puta a veces. ¿Qué tiene más valor?, ¿lo que queremos nosotros o lo que nos depara el destino?, ¿el destino es sabio?, ¿siempre que el destino tuerce nuestros planes hemos de quedarnos apocados y esperar a que esa torcedura traiga nuevos bienes? Sea cual sea la respuesta, es inamovible la orientación del destino. Sea como sea, el destino es una palabra grandilocuente, enorme, se antoja gigante, como para intentar enfrentarte a ella. Quiere el destino que no pueda ser dueño de mi tiempo ni de mi voluntad. Quiere el destino que si las cosas ya estaban torcidas, aún se tuerzan más. Quiere el destino que si ya me apretaba la soga, girar un punto más hasta conseguir azularme. Entonces entra aquí la otra mierda de creencia popular puritana: dios aprieta pero no ahoga. Pues yo estoy ahogado, me cago en el destino, y en las acciones de terceros, y en esos terceros concretos, que ponen diques a tu vida, esos terceros que quizás, tienen su destino más claro que el mío. Las cosas se han torcido, no podrían estarlo más, y no se si algo se dejaba ya oler en el ambiente. No se si vamos a superar este verano por culpa de una mierda de yonqui que lejos de asumir su mierda la esparce como un ventilador, dando a todos aquellos que hay a su alrededor. Quizás debiera ser mas eufemístico, quizás debiera cambiar mi chip y parecer más comprensivo con los problemas de los demás, pero sinceramente, estoy harto de callarme mis problemas, de dejarlos solos para mí, de comerme yo mi propia mierda y no pringar a nadie con ella, mientras  otros hacen todo lo contrario, sin medir, sopesar, las consecuencias. Estoy harto de vivir sin red, y sólo ser la red de los inútiles que están en los trapcecios, cayendo constantemente, empeñándose en subir y en volver a subir una y otra vez. Quizás sea injusto, quizás sea depravado e inaguantable, pero estoy arriba, sin red, solo, con las gradas del circo vacias, arriesgándome en un doble mortal, para mi mismo, para nadie más. A mi no me importa hacerlo, me concentraré y trataré de que sea perfecro, pero ¿quién querra compartir tal pirueta conmigo? Quizás ese sea mi destino, olvidarme un poco de mi mismo, y acoplarme a los destinos de los demas, cruzar en tangente los destinos de terceros, disfrutar del arco que forma mi trayectoria en la parábola de sus vidas y volver a mirar arriba, a la pequeña plataforma, a la que subo, no me queda otro remedio, a dar otro doble salto mortal. Lo siento, lo siento de veras, pero nada puedo hacer. De nuevo el puto circo vacío.

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