Las cosas y su tiempo

por Fausto Lipomedes  -  22 Junio 2009, 23:23  -  #Cosas de todos los días

Vaya, este parece ser mi artículo número 100.  Igual debiera hacer algo especial para celebrarlo, pero no, en realidad no creo en las efemérides, ni en los aniversarios, no implican nada, sólo es una acumulación de tiempo. Por mi primera comunión me regalaron un reloj. Yo andaba como loco con mi reloj, y de pronto descubrí el concepto hora. Sin embargo, no tenía muy claro que ocurría dentro de esa hora. En definitiva, me acerqué a mi abuela (era sabia), claro, mujer nacida en 1900. Le pregunté: abuela, ¿cuánto dura una hora? Ella me respondió: ninguna hora dura igual que otra, siempre depende de lo que te ocurre dentro de esa hora. 

He vuelto del trabajo soportando el agobio del calor de Madrid, sin saber muy bien qué hacer. Me voy acordando de todo lo que hay que hacer a medida que cierro trabajos ya hechos en el cerebro y dejo espacio para otras. A veces me acuerdo de varias cosas que he de hacer y durante unos segundos de clarividencia soy consciente de la secuencia de actos que he de realizar para completar la tarea, pero enseguida una superior se superpone sobre ésta o estas y quedan sepultadas hasta otro recuerdo de ellas. Hoy he llegado, y me ha dado por ir a hacer compra. Mi frigorífico ya no soportaba tanta tristeza ni yo desesperación por sentir hambre y no tener que comer. Al llegar me llama mi hijo, mañana las notas, bajo las bolsas, llamada a mi madre mientras guardo los alimentos, subo, pongo una lavadora, mientras la máquina funciona recojo la ropa seca del tendedero para hacer sitio a la nueva y mientras te dejo espacio para tu intimidad en un cajón. Riego los árboles, uno de ellos lo ato para que no lo tuerza el aire, subo de nuevo, ya son las diez, aún sin la cena, suena la lavadora, ha acabado, tiendo, bajo, me hago la cena, ceno rápido. 

Me he pasado el día vestido de romano entre ruidos y polvo, entre las obras aún más agresivas por el calor. calles cortadas, taladradoras, pitidos, el reloj que no paras de mirar. Piensas en tus tareas y en como el tiempo se va, y en lo rápido que tendrás que ser para hacer las mismas cosas en menos tiempo. 

Pienso en nosotros, en ayer, en el silencio del frontón.
Miro tu fot en mi móvil, sonrio al verla un recondito lugar tuyo y mio, un mana en medio del caos. Oigo la brisa en las hojas de los chopos que limitan la pista. Huelo el campo, oigo los golpes y tus carreras, mi gemelo roto, nuestro sudor. Te iba ganando, ¿recuerdas? 2 a 2 y en el partido de desempate, que sacaba yo, 6 a 5.

Hacia tanto que no navegana con marea en el coche. Te quiero.   

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