Día de estanteria

por Fausto Lipomedes  -  28 Mayo 2009, 12:35  -  #Cosas de todos los días

Todos los días habría algo que decir, pero hay días que parece que no ocurre nada lo suficientemente interesante para convertirlo en un hecho narrable. Días puente entre un recuerdo y un deseo. Hoy es uno de esos días, un día puente entre ayer y mañana, un jueves sin pena ni gloria en el que los sucesos se repiten y aunque todo varía, porque nada se repite, todo parece igual. Un 28 de mayo insulso, un 28 de mayo irrepetible pero que no es nada porque nada hay en él. 

El futuro tampoco es prometedor, el futuro son sólo deberes, ni siquiera un reto. Días en los que pareces desdibujarte y convertirte sólo en una mancha, en un sombra al fondo. Días en los que haces bulto y no quieres ni siquiera hablar. Días en los que eres la ilustración de un libro cerrado, y en el estante alto de una biblioteca, último pasillo a la derecha.  

El otro día tuve un sueño, un sueño recurrente. Estoy en una especie de casa en el campo. La casa es funcional, podría ser una casa diseñada por Frank Lloyd Wright. Yo miro la casa desde abajo en un día de sol. Al lado mio hay un perro, parece un Labrador de pelo claro. Desde donde estoy se accede a la casa por unas escaleras. En lo alto de las escaleras aparece una mujer joven. Tiene pelo negro abundante, quizás afro. No se que edad podría tener, pero se que es joven, raza blanca, quizás un poco hippie. Lleva ropajes largos y holgados, no se el color, tonos tostados quizás, y algo verde. Baja, llega hacia mí y apoya su mano izquierda en mi cadera de manera suave, erótica. Al mismo tiempo me susurra algo al oído. Siento cierta atracción por la situación, pero no por ella, ya que se que es mi hija. Una especie de deseo imposible o de imposibilidad de deseo. 

Un día para almacenar

 
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: