Las Playas Marcianas

por Fausto Lipomedes  -  26 Mayo 2009, 15:00  -  #Viajes

Salimos hacia el norte, en busca de playas marcianas, en busca de lugares de otros mundos, lejos de éste tan habitado. Enfilamos hacia el norte, y dejamos atrás los calores y los cielos rasos del centro. Durante horas sobrevolamos nubes, y decidimos hacer una breve parada en un pequeño paraiso repleto de margaritas y de ecos de niñas cantando después de una excursión . Era tal la paz, siempre lo es en éste lugar, que estuvimos tentados de pasar alli el fin de semana. Pero llegamos a la conclusión de que había que ir preaparados para tal fin. Este paraiso requiere cierta mentalidad, un buen libro y ganas de buscar sensatez en uno mismo. Necesitábamos distancia, viaje, horas multiplicadas por velocidad, lejanía, lejos. Buscábamos playas marcianas, mensajes ocultos o simplemente evidentes sólo a unos cuantos ojos. Retomamos el vuelo, de nuevo por encima de las nubes, y entre los jirones de vapor de agua, pudimos observar el verdor de la cara oculta de Marte.  

Bajamos la velocidad al llegar a la costa, donde empieza el mar tras el cual están los pueblos bárbaros, giramos a la izquierda hacia una comarca de negrura rota por las luces apiñadas de pequeños núcleos de poblaciones. Mi chica decía conocer aquellos parajes y nos adentramos en ellos.   

Como siempre nos ocurre cuando visitamos planetas de manera improvisada, es decir todas las veces, problemas para encontrar sitio para dormir. Visitamos posadas, casas de dormir, pocas camas o muchos viajeros. Vino, paseo y a seguir buscando.

Al final una magnífica cama en un hotel de ancianos con nietos , todos ellos marcianos. Música marciana hasta las 00.15, así que aprovechamos para ir a cenar a una casa de comidas . 

A la mañana siguiente a la búsqueda de playas. Creemos que es la casualidad, pero es la intuición, la que nos lleva hasta parajes increíbles.  

Siguiendo un caminito nos encontramos la primera de las playas marcianas.Un istmo separaba dos rincones en los que poder pasar desapercibido al mundo, a dios. Dos playas a cada lado de la lengua volcánica. Una de ellas nudista, otra vacia. Elegimos la segunda, luego mi chica también se encargo de convertirla en nudista. ,

Se baña ella, que huevos tiene. A mi me dan escalofríos.

Palas, sol, sube la marea, más baño, nos vamos.

Encontramos hotel, ducha y nos piramos a la capital de la comarca. Paseos, cafés y compras, bueno sólo una, unos pantalones cortos que me regala mi chica. Nos reímos.   Terraza mirando a la gente marciana, cerveza y vino. 

Vuelta al hotel y cena en una pizzeria. Al aire libre.  Nunca antes y creemos que nunca en la vida,tardaremos tanto en comer, como tardamos en este sitio, una vez ya sentados, aceptados como clientes y atendidos. Pasan camareros sin mirarnos, pasan raudos con postres y no nos hacen ni caso. Reclamamos, nos trasladan, hace frío, nos mudamos, de nuevo a la mesa del principio. Un chaval diez minutos para abrir una botella de vino. Tráenos por favor un vaso, oye, un copa, oye nos traerás cubiertos. Clientes fantasmas fuimos, clientes que no llegaron nunca a memorizar, clientes que no existimos aquella noche. Pero aqunue ellos no fueran conscientes, allí estuvimos, degustamos una comida exquisita. 

Nos levantamos tarde el domingo, a eso de las doce. La cama horrible, que mal hemos dormido. Desayunamos a la una y a por otra playa.

La marea ha bajado, es el momento de llegar hasta la orilla. Raudos, escurriendo en el barro llegamos a un nuevo rincón dónde pasar desapercibidos.

Playa no explorada, playa salvaje, jamás habitada. Como descubridores la bautizamos como la Playa del Camello Caido.

También conocida como la Playa de la Gran Cerámica. Lugar de recónditos pasillos.

Puertas con acceso a otras dimensiones, entradas a mundos desconocidos.

Mi chica medita sobre ello. Tiene uno de sus momentos, esos instantes en que estamos nosotros con nosotros mismos, uno de esos momentos en que sea para generar un problema o para encontrar la solución a uno, lo vemos todo con clarividencia, sólo por un instante. Lo borroso, lo distante, coge forma y se muestra para luego, alejarse y ser sólo un espejismo.    

Aun visitamos unas dunas antes de iniciar vuelo hacia el sur. Paramos y comemos/merendamos de camino. Cocido de la montaña, cabrito, ensalada. Comuniones de carrillos rojos. 

Seguimos, la mayor granizada que hemos vivido. Triste llegada al final de una vuelta de un lugar al que hemos de volver. 

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