Excitados por el verano

por Fausto Lipomedes  -  22 Mayo 2009, 10:18  -  #Cosas de todos los días

Muere el caluroso día, y lo mato en una terraza del Teatro Real, frente al Palacio, también Real, tan ausente de perspectiva. Los palacios deberían de tener explanadas enormes delante para poderlos ver desde lejos, y de esta forma poder observar sus dimensiones, también reales.  

Los alrededores del palacio están llenos de pueblo. El Pueblo con su Rey. A la vieja usanza, cortesanos y su monarca. Polis en bici, chicas grasientas y sudorosas en los céspedes de alrededor de palacio jugando a las cartas. Parejas de besos con picores también tirados en el césped, niños con globos, barquilleros, más policías en bici, policías a caballo, policías en vehículos policiales, policías buenos, que son nuestro amigos, ¡ale!, dicen los polis, mientras sigáis así, tan quitecitos y jugando tan bien a esto de la existencia pacífica y el respeto a los poderes del estado, todo bien.  Una fiesta popular en una tarde/noche de verano.  

Ha llegado el verano a la capi. Un enorme compresor de aire caliente insufla presión a la ciudad. Todo parece sudar, todo parece sucio y pegajoso. 

Pasos perdido en la ciudad envueltos por el verano. Huele a pis en los alrededores del Palacio, huele a vomitonas de la noche anterior. Hombres con manta hasta las orejas duermen en las entradas al Real. El verano, la estación del anticiclón. Prefiero la B a la A sobre el mapa. Dependiendo del carácter de cada locutor, unos sonríen cuando nos muestran orgullosos una enorme A sobre la Península, y otros parecen excitarse cuando es una gran B y se llena nuestro país de nubes de las que cae agua a la tierra. 

Yo debo de ser de la serie B, prefiero los cielos opresores y grises a los rasos y azules que acaban siendo blanquecinos y nos obligan a ir con la boca abierta, rescatando aire de un ambiente cargado de montones de cosas, sobre todo de aire caliente de los numerosos acondicionadores de aire. 






















Por fin llega el verano, por fin podemos sacar nuestras ropas paramilitares de camuflaje o nuestros uniformes de expedición africana con zapatillas galácticas. El verano huele a sudor, a carne caliente, a CO2 caliente que parece tiznar nuestras partes al descubierto. Empieza a verse a la gente al atardecer, salen de sus conejeras para lanzarse a la aventura de la terraza, del garito, de las copas en la calle. Comienzan las fiestas, las ferias, los farolillos de papel, el jolgorio, las risas, los planes de libertad. Hebillas que aprietan, rollizos michelines escapando sobre los pantalones, barriguitas que quedan al descubierto bajo camisetas muy cortas, ombligos perdidos dentro de pliegues, ojeras, cansancio, calor, ojos rojos por no poder dormir, agotamiento pues los días son más costosos, más largos, interminables. 


El verano de perros abatidos, de árboles meados y cagados, de pantalones morados y camisetas con mensajes esquizofrénicos. El verano de gritos, de ventanas abiertas  a través de las cuales se ve a hombres y mujeres en camiseta, se mezclan los programas televisivos en rellanos de escalera, en oscuros patios de luz se oyen gritos, lloran niños, broncas y tensiones. Llega el verano de noches de juerga, de adolescentes excitadas, de inmigrantes salidos, de policías rollizos vigilando garitos, veranos de luz nocturna amarilla, brillante de sudor. El verano, que como la maleza, resulta desmesurado, verano que como feliz nos han vendido. Se hinchan las venas, se acumula la sangre en las sienes en su recorrido. Verano de delirio, de chillido, de grito, de ojos entrecerrados, de luz. Verano de objetos imposibles, de deseos igual de inalcanzables, verano de esperanzas, espacio acotado y vallado dentro del año que medimos al revés, no hacia delante sino hacia atrás como los cangrejos, verano diferente, por cojones mas colorido, por huevos el deseado, verano hiperactivo. Ha llegado el verano, ese espacio que no hay que dejar pasar, sino aprovechar, sacar el máximo partido. A por él, a disfrutar, sobre todo de sus tormentas, de sus aguaceros, ¿por que no? esos trozos de invierno en medio del hastío. 
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