El anhelo de lo próximo

por Fausto Lipomedes  -  20 Mayo 2009, 15:30  -  #Cosas de todos los días

Amanece, que no es poco. El día aún está fresco, pero el resplandor ambar que se adivina desde el este anuncia una jornada pegajosa y calurosa. Por diversos motivos, que ahora no vienen al caso, he bajado a Madrid en transporte público. Nada nuevo respecto a la última vez que lo utilicé. Realmente este colectivo rodante no cambia. Curioso, todos los asientos ocupados, pero sólo por un especimen. Nadie se sienta con nadie. Huele a sueño, y a chicle que van masticando las secretarias de talleres y las auxiliares de la industria gráfica. Más mujeres que hombres. Me decido a ocupar la última fila de asientos. El espacio es estrecho, apoyo mis rodillas en el respaldo del asiento delante mía y dejo resbalar mi culo. Por encima de él veo una maraña de pelo coloreado, unos casquitos de musica que se pierden el él, y el cuerpo voluminoso de una tipa que, ¿cómo no? masca chicle. Se ve que mis rodillas en su respaldo la han debido molestar, así, que ni corta ni perezosa, pega un golpe con su cuerpacho en su asiento. Como los animales, la tipa defiende su territorio, decido no luchar con ella.

Quiero salir de allí cuanto antes, y lo hago, sin nada nuevo en mi cerebro, el transporte público es un espacio vacío donde no hay oxígeno suficiente para pensar.

Miro al cielo, azul raso, se extiende infinito cubriendo a tantas cosas. Reflexión sobre la distancia para el amor, o reflexión sobre si el amor es tan fuerte como para curvarse enorme, sobre dos puntos físicos alejados, una especie de arco iris de sentimientos. ¿Es el amor más grandioso que el cielo? ¿Es verdad eso que se dicen los amantes en la distancia, de la misma luna que nos contempla? , ¿miraré a las estrellas y sabré que tu también las estarás mirando y cositas de éstas? 

Mi chica cree que no, que por encima de las cúpulas celestiales y las fuerzas gravitatorias de los planetas, por encima del cosmos que todos llevamos dentro, tiran fuerte las rutinas, lo que tenemos cerca y a lado. No carece de sentido, pues anhelamos lo próximo, deseamos lo que vemos todos los días, soñamos con lo que vemos, con lo que nos gustaría que fuera lo que vemos. No hay cabida para el amor en la distancia. la lejanía enfría, mata, deshace, desmiembra, pudre, convierte en polvo la más compacta materia orgánica, ¿es cierto? 

Pensando en esto salgo del metro, me resulta todo extraño. me siento sólo bajo el cielo, sin link a ningún otro ser humano. Tiene más fortaleza la conexión de mi teléfono móvil que el amor que siento. Dichosa tecnología que es más fuerte y duradera que nuestros instintos.

Todo me resulta extraño, tanto como toparte con un pulpo en el centro de la ciudad. Habrá bajado del cielo, habrá perdido su link con alguna pulpa en alguno de los mares alejados del Pacífico. El pulpo, que es del Mediterráneo ha perdido su conexión cósmica, ha perdido su peso, se ha vuelto liviano al sentir la desconexión de su amada y remota pulpa. Evaporado, chupado por la climatología, ha caído, junto a un chaparrón, en medio de la ciudad. Pobre pulpo despistado.  
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