No es el fin, sino el principio

por Fausto Lipomedes  -  28 Abril 2009, 12:23  -  #Cosas de todos los días

Hay agresividad en el ambiente esta mañana. Día gris que no acaba de aclarar. Ráfagas de viento frío y cierta humedad que provoca que los ruidos floten y viajen ligeros de un lado a otro. 

La crisis porcina sigue avanzando, la económica parece estancada. Augurios diversos sobre una y otra, pero nada cierto. Voy a comprar tabaco y a las puertas de un organismo oficial me cruzo con un grupo de hombres rudos, violentos, a medio camino entre la preocupación y la desesperación. Se comunican con gruñidos, cuerpos rígidos por el trabajo, manos hinchadas. Los dirige un abogado sindicalista que da órdenes a gritos. No puede controlarlos. Miran a su alrededor acomplejados por el ruido del centro de la ciudad. Pasan a su lado, apartándose, señoras y señores con modales, de cutis blancos, elegantes, de movimientos precisos y medidos. Se miran ambas especies con recelo y desconfianza, la violencia contenida flota en el ambiente. 

El aire trae sirenas de ambulancias y de policia, más aire frio. Ruidos de las obras, panorama nervioso. Mi chica se va lejos y la he fallado. Mi chica se va lejos, y se va sola. No desearía otra cosa que estar con ella, lejos de esta inquitud que no lleva a ningún sitio. 

Caras serias, primeros síntomas de cólera. Se acaban los subsidios, la CEOE dice hoy en la prensa que llegaremos a los 5 millones de parados. En portadas los culos de Leticia y Carla, nuestros viejos reyes, el enano francés y el mofletes risueño de nuestro presidente. 

Empieza la campañá para las elecciones europeas, veo un cartel publicitario sobre la conciliación de la vida profesional y la personal con una bandera azul, cargada de estrellas de la Unión Europea. ¿A quién le interesan estos principios ilustrados si no hay trabajo? ¡Ojala no vote nadie!


Perdida de la esperanza. Estress nerviosismo. Las empresas rastreando como locas contratos, partidas presupuestarias. Cientos, miles de mails, tensas esperas de una llamada telefónica. Nos han diseñado y construido para un oficio que ha quedado sin sentido.  Nos hemos comido el mundo, nos comeremos a nosotros mismos. Buscaremos carne, cobijo, el calor de un fuego, la cueva, pariremos hijos sin importarnos su futuro. Practicaremos la supervivencia, olvidaremos la convivencia, nos gritaremos, viviremos en tribus, nos desplazaremos en manadas. Sobrevivirán los más fuertes, y los más listos capaces de engañar a los fornidos. Creeremos que es el fin, pero no, es sólo que volvemos al principio. 
 

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