Derrumbe

por Fausto Lipomedes  -  25 Abril 2009, 21:24  -  #Cosas de todos los días

Hay veces que todo se te desmorona a tu alrededor y asistes al derrumbe como un espectador, sin hacer nada por impedirlo porque, o bien no tienes fuerzas para contrarrestar la destrucción, o bien no tienes ni idea sobre que hacer para remediar el proceso. 

 Es como asistir al ocaso del día. La única opción posible es contemplarlo. Puedes entender el universo, puedes visualizarlo en tu cabeza, puedes imaginar la tierra girando y como la penumbra se come poco a poco al globo azul, y a ti con él. Aún sabiéndolo todo, nada puedes hacer por parar a oscuridad, y el día acaba muriendo.  

Cometes errores, omites reglas o simplemente te cansas. De un día para otro desaparece el paraíso. La vida, cruel vida a veces, desenvaina su espada y te expulsa de él, practicamente sin darte explicaciones.  Tambien puede ocurrir que te las dé y que no las entiendas. Puede que después de dártelas, te parezcan injustas, o desmesurado el castigo. La vida es exigente, y al mismo tiempo caprichosa e implacable. 

Tratas de explicarte, y explicar a lo demás lo que sientes, lo qué te pasa. Al tratar de hacerlo descubres caligrafías imposibles, sonidos y palabras que núnca antes habías oido. Te adentras en los más tenebroso de tí y afloran tus frustraciones, te hundes en tus limitaciones. Sale de ti lo más oscuro. A veces. con suerte, lo más gris, para justificar tu angustia y tu descontrol. 


No encuentras solución. te sientes derrotado, agotado, injustamente tratado y maldices tu destino, o el que se te cruzó, que no era el tuyo. Sólo queda esperar , dejar pasar el tiempo, imposible controlarlo, dirigirlo o, simplemente asimilarlo. Hoy he tendio un sueño en el que llevaba un remolque de un camión atado a lo que supongo un coche con una larga cadena. Iba con él por una carretera de montaña. El camión pierde el control, el remolque se empotra en casa de unos vecinos míos. Voy corriendo, y nada ha destrozado. De pronto estoy en la cocina de la casa. hablo con la mujer mientras preparo una cena. El marido pasa a mis espaldas, yo pincho berberechos con un palillo y los deposito en un platillo, supongo que para comerlos después. El marido coge uno, y pienso que está en su derecho, después de todo, es su cocina, sus berberechos, y le acabo de estrellar un camión en su casa. Aún así, no dice nada. 
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: