La cúpula azul

por Fausto Lipomedes  -  22 Abril 2009, 13:20  -  #Cosas de todos los días


Día radiante en Madrid. Cuando dices radiante, casi que aprietas los dientes. Uno de esos días rasos en la capi, ligero calorcillo. Día para sentir sobre ti el inmenso cielo y darte cuenta de lo pequeño y minúsculo que eres.

La mejor fórmula para liberarse de tensiones, de problemas, de agobios, de malos remordimientos y arrepentimientos, conductas indebidas,  malos deseos, o deseos insatisfechos, que son lo mismo; es tumbarse mirando al firmamento. No vale sentarse, lo mejor es tumbarse. Olvidarse del cuerpo y poner los cinco sentidos en el cielo. Concentrarse en el vacío que hay entre ti y el cosmos, que vemos azul, pero que en realidad es negro e infinito. 

Si consigues llegar a ese punto de tomar conciencia, de que entre ti y él no hay nada, nada de nada, entonces entra en el cuerpo un temblor, cierto miedo y hasta pavor al darte cuenta de tu libertad. No es un método infalible para solucionarlo todo, pero sí es un buen método para tomar alguna determinación y alguna decisión.

Son importantes los horizontes, de lo contrario acabamos encajonados y limitados por los obstáculos. Dirigidos, conducidos, advertidos, alertados, manipulados, llevados y traídos, catalogados, definidos, conformados y etiquetados. Nos volvemos previsibles y previstos. Nos convertimos en buenos ciudadanos amables, educados, tolerantes, indiferentes, egoístas, supervivientes, huraños, en salvajes educados, en salvajes envidiosos y engreídos.  

Nos convertimos en cautivos, en esclavos conformistas con pequeños espacios de aparente libertad con horario y tasa.  En animales receptivos a neones y colores, a passwords, a códigos de entrada, a perfiles predefinidos, a preferencias desplegables, a gustos e inquietudes conformadas y, por tanto limitadas. Dejamos de tener nombre y apellidos y sólo somos usuarios y clientes, claves, un números de pedido, una referencia, un códigos o un puto dígito.  Somos mierda, basura cósmica.

Sin embargo, siempre hay otro punto de vista. Acaba de hacerse público un estudio sobre la nueva generación web. Así se define, de manera políticamente correcta, al conjunto de gilipollas en que nos han convertido. ¿Os acordáis de aquella generación Jasp? 

Esta “generación escaparate” habita en Internet, está enganchada a las redes sociales y gestiona su vida como una empresa.
 

Egocéntricos, rentabilistas, ambiciosos, perezosos y asertivos.


Su visión: Dime cómo es tu perfil y te diré quién eres.
 

¿Formas parte del 35% de la población que lo primero en que piensa cuándo se levanta es en chequear su perfil online? ¿Mantienes el contacto con el 65% de tus amigos a través de tu red social favorita? ¿Conoces gente nueva a través de estas plataformas y no puedes parar de cotillear otros perfiles? Cada época tiene su idiosincrasia y sus propios medios de expresión y, hoy en día, lo que imperan son las redes sociales y los jóvenes hiperactivos de Internet que abandonan hasta la clásica TV. 

Radiografía de una generación

Generación de jóvenes españoles comprendidos entre 18 y 30 años, que se distinguen por su carácter rentabilista, ya que gestionan su propio esfuerzo

Esta generación tiene un ego difícilmente saciable, es muy segura de sí misma, asertiva y con una alta autoestima. Tiene prohibido aburrirse y utiliza las redes sociales como Facebook, Tuenti, Myspace, Twitter y otras redes 2.0 como herramientas fundamentales para interactuar con los demás y reafirmarse como personas.


Y tu, ¿quién eres?
 
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