IKEA o ¿Quiénes somos en casa?

por Fausto Lipomedes  -  4 Abril 2009, 16:52  -  #Cosas de todos los días

¿Y nosotros?, ¿de cuántas cosas estamos hechos? ¿Quienes somos en realidad?, o mejor aún ¿cuantas realidades somos? ¿La que ven los demás?, ¿La que mostramos a los demás pero que sabemos no es la cierta?, ¿la que intuimos que somos y que nos da miedo pensar en ella?, ¿la que sabemos que podemos llegar a ser, y tanto nos aterra que preferimos pasar de puntillas frente a ella para no despertarla?

¿Somos como nos sentimos en esos primeros instantes al despertar?

Recién salidos del sueño hay un breve espacio de lucidez. Es un brevísimo tiempo, a veces sólo un soplo de tiempo, en el que quedamos al descubierto. Volvemos al mundo desde la inconsciencia, y antes de apretar el botón ON, antes de dejar que montones de realidades vuelvan a entrar en nosotros, durante unos segundos, tenemos conciencia de quienes somos.  

En casa, solos, en el laberinto de nuestra personalidad, rodeados de nuestras cosas, las que nos recuerdan en realidad quienes intentamos ser. Casa, una especie de yacimiento arqueológico lleno de capas con restos del pasado.

En casa, en nuestra cueva, nuestra choza o nuestro castillo. Lugar común e invariable a lo largo de la historia. En casa, el hogar, el fuego, los mitos y las leyendas, los olores, el silencio, el mundo fuera, una habitación cargada con olor a sexo, risas o silencios. Casa, un nexo al pasado, al pasado de hace siglos, de hace milenios. Un concepto que une a los hombres a lo largo del tiempo, jajaja, un vínculo inmortal que trata de romper ahora IKEA con su jodida vehemencia en hacernos egoístas, republicanos independientes de espacios cerrados con puertas. Eso sí, todos con los mimos muebles, las mismas láminas y las mismas lámparas. ¡Que les den por culo a los suecos independientes!

Casa, un lugar para escapar de la jaula. Un espacio esponjoso incapaz de ser engullido por la rigidez de las normas, por la forma de estar, por los protocolos, por el qué dirán, qué pensaran o que quiero que piensen.  Un lugar donde lo primero que haces, sólo es posible hacerlo en casa, quitarte los zapatos. Una señal de desanclaje. Un símbolo, el de pisar otro territorio, otras tierras, tus valles, tus cordilleras, tus pastos, tus caminos y veredas. A veces tierras vírgenes e inexploradas. 












Casa, de donde salimos y a donde volvemos. Un lugar de origen. Fortin de nuestra intimidad. Un resumen del mundo, que se transforma en nuestro mundo, una interpretación de él o simplemente un deseo de un mundo que no existe cuando sales fuera.
Casa, una añoranza, un sinónimo de tiempo, resoplar, dejarse caer en un sillón, una siesta o una cabezada, rascarse como los animales, una sonrisa a alguien, un mimo, una caricia, marejada, poder llorar, emocionarte, cantar o silbar, dar brincos, zancadas, saltos o saltitos, andar por tu mundo con una toalla. 

Hoy estoy en casa. Anclado a ella, anclado a mi. Dejando volar mi mente. Disfrutando del presente porque imagino el futuro. Construyendo mañanas solidos, de materias puras y reales. Dejo fuera colorines y luces, dejo fuera las cosas fosforescentes, fluorescentes y efervescentes. No me dejo tentar por sueños imposibles, por promesas de gloria o por fatuas vanidades. No necesito grandes bases, me basta con un único punto de apoyo a mi suelo. 

Casa, un lugar sin tiempos, un lugar donde se mezcla lo pasado con lo presente, la niñez de tu madurez, la niñez nunca olvidada, y la que no quieres perder.  La magia del destino, tu destino que hasta aquí te ha traído. Incomprensible el deseo por conocer el futuro  de adelantarte al presente, simplemente porque quieres huir de él. 







Casa, un lugar sin agresiones, un lugar donde no tiene entidad lo indeseado,. Casa,  un lugar donde no hace falta estar alerta, un lugar donde no viven temores. Casa, el lugar donde duermes. 
  
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