La toma de decisiones o la política del "quizás deberíamos de"

por Fausto Lipomedes  -  2 Abril 2009, 14:02  -  #Cosas de todos los días























En medio de las obras de Madrid han crecido las amapolas. 

Una de las obsesiones del mundo moderno es la acertada toma de decisiones. Digo lo de obsesión, no referido a la toma de decisiones, sino a lo de acertada. Hay empresas de software que se han hecho de oro vendiendo programas que ayudan a los gestores de las compañías a tomar decisiones acertadamente. De hecho, equivocarse al tomar una decisión es un delito en una empresa. 

El "de los errores no se aprende" ha aniquilado a  "de los los errores también se aprende".  Los errores se pagan con la muerte en las empresas, se decapita al equivocado y se aupa a un nuevo candidato a ver si acierta en su toma de decisiones. En realidad es una especie de Inquisición moderna, donde la religión queda sustituida por el "éxito", el "crecimiento", el "cumplir con los objetivos marcados". Si el nuevo elegido acierta se conmemora su triunfo, se le agasaja, y se le regala un reloj conmemorativo, además de un suculento bonus. Pero, pronto, muy pronto, deberá enfrentarse a una nueva decisión, y el ciclo vuelve a empezar.

El final que tiene aquel que toma una decisión incorrecta, provoca  que últimamente oigamos tanto el "quizás deberíamos de .....".

"Quizás deberíamos de.." encierra, en quien lo dice, una vaga creencia en un camino a seguir, pero camuflada y llena de defensas. El "quizás", ya demuestra que no se está seguro de ello --volvemos al miedo a equivocarnos--. El "deberíamos de"  deja patente la voluntad de que otro se haga cargo de la ejecución, o yendo más allá, no me creo lo que apunto que hay que hacer. 

Lo más gracioso de esta filosofía de "sálvese quien pueda", es que siempre se aplica cuando hay un problema y nadie sabe cómo resolverlo. Lo aterrador es que a veces hay problemas que nadie sabe cómo resolver y cómo nadie quiere equivocarse nadie le echa huevos para tomar una decisión (aunque se equivoque).

Este comportamiento contemporáneo provoca que ya se vean pocas escenas como esta. Dos tipos trajeados y un cristalero, transportando una luna de cristal por el medio de una céntrica calle de Madrid. Si hubieran tenido en cuenta "Quizás, deberíamos de llevar nosotros mismo el cristal", lo más seguro es que la luna siguiera en su lugar de origen. Pero debieron pensar en "vamos a llevar la luna de una puta vez aunque estemos con el puñetero traje". 

La verdad que esta cultura del "prohibido equivocarse" se extiende como una fina capa de aceite a otras actividades de nuestra vida. La cultura de multinacional basada en el "éxito", lejos de haber sido rechazada por la sociedad, ha sido absorbida e integrada en nuestro quehacer diario.

La cultura del "prohibido equivocarse" conlleva, no a tener miedo a equivocarse, sino a tener miedo a tomar una decisión. En consecuencia, vivimos sin tomar decisiones.

Quizás eso explique también que vivamos en una cultura de la indefinición. Nadie amarra nada, nadie se compromete a nada. Intentas quedar con alguien y casi siempre obtienes como respuesta: "bueno, hablamos y ya vemos".  Lo que es lo mismo que responder: "oye, no se si me apetecerá o no", o también es sinónimo de: "oye, no se, igual me sale un mejor plan y me interesa más", o también puede ser sinónimo de un simple "no". 

Esto, a su vez nos lleva a vivir en una especie de eufemismo de buen rollito, donde todo es SÍ, pero donde nada es real. 

Al final acabamos dominados por las circunstancias, que son, en realidad, las que se encargan de tomar las decisiones.  Lo que no cabe duda es que dejar nuestras decisiones a la Señora Circunstancia es siempre, un error. Simplemente porque las circunstancias pueden ser a veces adversas. En ese momento hay que tomar una decisión más: ¿somos capaces de vencer a las circunstancias, o nos dejamos limitar por ellas?. Cuantas veces no hemos oído "las circunstancias no aconsejan....", "no es el momento adecuado para....", "tendremos que esperar a que cambie el.....". La Señora Circunstancia es cruel, carece de piedad y muchas veces nos conduce hacia la desesperación. 
 
Tomar una decisión es siempre difícil, por no decir imposible. Nunca se tiene claro. Son tantas las variables a tener en cuenta que por más que se piensen en los pros y en los contras, nunca se sabe si es la correcta. La conclusión es que una decisión nunca es acertada o errónea. Una decisión es, en sí misma, eso: una decisión.

Pero tiene sus cosas buenas, y la mejor de todas es que puedes olvidarte de las demás opciones. Una decisión implica un cambio, un giro, un adentramiento en algo nuevo. Una decisión siempre es viva, y por lo tanto, siempre es fresca.  

Una decisión es simple intuición, es dejarse llevar por una voluntad. Dejarse embriagar por un deseo. Quizás debiéramos aprender de las amapolas de nuestro maléfico Señor Alcalde. Deciden nacer en medio del caos, entre el polvo de las obras, las emisiones de C02, el ruido y en medio de un lugar cada vez con menos oxígeno para respirar. Todo son circunstancias adversas para tomar la decisión de vivir, pero "ahí las tienes".    
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