Los muertos de la mafia

por Fausto Lipomedes  -  15 Marzo 2009, 13:18  -  #Viajes

BILBAO - NOJA - ISLA - SOMO 

Escribo desde la playa. No quiero dejar de hacerlo. Hoy no tendré otro momento. Comeremos algo por aquí y después volveremos a casa. Mi chica a la suya y yo a la mía. Será una tarde noche melancólica. Yo querré estar con ella y ella conmigo, pero nos habremos de separar. Hoy no será un día contado como los anteriores, consumiendo tiempo hacia adelante, consumiremos el tiempo hacía atrás. Permanece tumbada a mi lado. Fascinante el ruido del mar, constante rumor, un rumor serio. Para los que somos de dentro nos fascina el mar, imaginamos largos viajes a lugares lejanos. Nos hemos levantado a las doce, después de una breve marea. Nos han dado de desayunar y rapido nos hemos venido a la playa. Hay veces que quieres detener el tiempo, hay veces que parece que va más lento, pero no es así, es matemático, y engaña. 
Estamos en uno de esos lugares construidos para el verano. Vivimos la melancolia que tienen en invierno. Una sensación de decadencia, una sensación de humanidad extinguida, sólo escasos supervivientes deambulan con nosotros, absortos, contemplando los restos. Sale el sol, y se esconde. Anoche, hablando de errores, de los mios, volvimos tarde a la posada, absolutamente recomendable el lugar. Si consigo sacar las coordenadas del GPS, os la meteré aquí dentro. ELLA me preguntaba sobre mis errores, yo no supe darle respuesta. ELLA lleva razón, me limito a echar capas de cemento sobre ellos. Mis errores, son como un muerto de la mafia, de esos que aparecen en los cimientos de puentes y edificios, décadas después. Aún así los muertos son siempre identificables.  Siempre se consigue saber quienes eran, y por lo tanto, quienes son. Siempre es factible reconstruir su historia. Yo parece como si no quisiera. Me da miedo saber porque, conocer que cual es la parte inconsciente y cual la consciente de su asesinato. No se por donde empezar. Tendría que pensar hacia atrás, muy atrás, como hoy avanza el tiempo. Hay que explicar nuestros muertos, hay que razonar porque matamos, hay que explicar porque los enterramos. Tengo algunos que se levantan de sus tumbas anónimas, que danzan a mi alrededor. Parecen reirse de mi, y me producen bajones. Me aislo con ellos, me quedo quieto. He de explicar mis muertos, he de dejarlos descansar. Al menos es lo que les debo, deajarlos en paz. 
 
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