un radiante viernes en Madrid

por Fausto Lipomedes  -  6 Marzo 2009, 11:34  -  #Cosas de todos los días

Anoche fui a hacer compra. Llené el coche de bolsas, nada menos que seis, y en realidad ignoro que compré. Vas al super con idea de comprar lo estricto, lo más correcto, nada redundante. Una compra reflexiva y estricta, pero al final cargas con seis bolsas. Sali tarde del trabajo, y al metro para ir a por el coche. Sigue igual el metro. Permanece impasible y estático mientras todo lo demás se mueve. Lloviznaba anoche en Madrid, hacia frío, pero la noche auguraba un radiante viernes. Tomates, esa era la palabra mágica que guiaba mi compra. Tomates, también vino, el resto es una intuición de productos que se convierten en realidad cuando los ves en los lineales. Supongo que todos tenemos unas palabras claves a la hora de hacer la compra. Núnca le he dado excesiva importancia a la comida, núnca he disfrutado con la comida, y para mi, siempre sido un acto para alimentarse. Me da lo mismo comer un exquisito guiso o un elaborado plato que un arroz blanco con tomate o sin él. Lo fundamental es tener hambre. Por eso, nadie me halaga por llevarme a tal restaurante o por permitirme desgustar tal vino. Sólo se que me gusta, o no me gusta. Pero olvido locales, olvido botellas, olvido nombres de platos o platos especiales de la casa. Carezco de memoria gastronómica, pero me encanta comer a gusto, me encanta comer con mi chica en cualquier lugar.
Por eso llama la atención, que con esta escasa sensibilidad gastronómica sea capaz de comprar seis bolsas de productos alimenticios. He de reflexionar sobre esto y hacer un ejercicio de racionalización. Como dicen los políticos ahora cuando se les pregunta qué están haciendo para atajar el problema del paro: "seguire trabajando en....", lo cual significa que no tienen ni puta idea de cómo van a hacer qué. 
Hoy, el día, tal como pronosticaba la fria noche del jueves, es una maravillosa mañana de viernes. Los viernes hay una alegria suspendida en el aire porque son las puertas de dos días de libertad.
Aún quedan nubes, pero son sólo manchas blanquecinas, una cielo pintado en acuarela muy líquida. Aún queda ráfagas de aireque siguen limpiando el aire. hay dos luces en el ambiente, una fría y blanca y otra más amarillenta y cálida. El aire trae una y se lleva la otra. El invierno hoy está un poco más alicaido. Le han cambiado de habitación. Hoy está en la 639. 
 La mejor forma de saber como va su proceso de muerte es mirar a los árboles. A pesar de que sus brazitos siguen raquíticos, comienza a adherirse a ellos una nube de verdor. 
Es un viernes precioso de Madrid, esplendoroso, y se nota la alegria del fin de semana en la cantidad de coches.Pero los atascos parecen ser menos espesos, o es que a lo mejor vamos todos más ligeros, o quizás es que practicamos eso que pusieron de moda las empresas hace años, lo de los "casual fridays". Es decir, los viernes el personal podía ir a trabajar en vaqueros, o como le diese la gana, y ese era el día en que todo el mundo podía mostrar realmente su personalidad real, o apuntar al menos quien quería ser. En todo caso, sea porque tiene más peso en nuestras cabezas la libertad que el deber, o sea porque los vaqueros y los jerseys de lana son más flexibles que los trajes y las faldas, hoy todo es más liviano, incluso el tráfico. Tal es el caso, que los viernes suelo bajarme el coche hasta el mismo corazón de la ciudad, y es que es tal el optimismo que reina en el ambiente, que hasta sabes que vas a encontrar sitio para aparcar cerca de tu destino. 
El coche aparcado, correctamente aparcado, legalmente aparcado en el centro de Madrid. Eso es todo una satisfacción. Sacas tu pepelito de la hora, lo dejas todo orgulloso sobre el salpicadero del coche y pareces estar reconciliado con la agente de la ORA. Hay más mujeres agentes de la ORA que hombres agentes de la ORA. Hay unos que se toman muy en serio su trabajo, otros menos y a unos terceros parece darles igual multarte o no. A veces dejas que la hora límite pase 15 minutos, y te multan, y otras, pasa más de una hora, y nadie te multa. Unas veces te llegan las multas y otras no. La ORA. 
Sigo mirando el cielo, veo un pubis de cielo azul ligeramente manchado. El cielo que siempre está sobre nosotros en Madrid, el cielo, el verdadero paisaje que se puede ver en una ciudad llena de obstáculos y sin horizonte. En esta calle no hay aire, pero acabo de abandonar otra donde si lo había. 
Lo bueno de mirar al cielo en Madrid es que te das cuenta de muchas cosas. Ayer descubri una diosa, hoy toda una lanzadera espacial con su cohete y todo. de pronto reina el optimismo, de pronto es un viernes radiante y luminoso en Madrid y todo es ligero. De pronto subo al despacho y, sobre la marcha, decido irme con mi chica a la ciudad mas hortera de España, a Benidorm, un entorno ideal, del cual ya os hablaré, a ver a Bruce, al Boss. Creo que hoy, soy feliz.
 
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