El aire, que se lleva cosas y trae otras

por Fausto Lipomedes  -  5 Marzo 2009, 14:33  -  #Cosas de todos los días

Hoy tenemos un día extraño en Madrid. El invierno, que sigue en la UCI, habitación 539, sigue pareciendo recuperarse de su agonía. Esta mañana el día se me apareció luminoso y limpio. Nubes ligeras cabalgaban rápidas hacia el sur, empujadas por el aire que ha barrido esta noche montones de cosas. Ahora sigue limpiando porquería de rincones y esquinas.En esta ciudad el aire es especialemnte significativo, ya que elimina el sombrero de fieltro gris que todos llevamos puesto a veces. Soy un hombre afortunado cuando voy a trabajar. Esta era mi vista lateral desde el coche. Digo afortunado porque tengo horizontes. Y vivir en Madrid sin horizontes es una verdadera lástima, ya que una de las cosas más alucinantes de esta ciudad son sus cielos, y digo cielos en plural porque en un día pueden variar. De lo rasos azules inmensos e infinitos a los salpicados de nubes. De los grises plomizos a los negros terroríficos, de los blanquecinos a los rosas del atardecer, amarillos, y hasta rojos los he visto, carmesis y sangrantes, también plateados y añiles melancólicos. En Madrid, coleccionamos cielos. Supongo que como no podemos ver estrellas, nos regalan cielos. 
En Madrid los cielos no son envolventes, son cielos rectilineos, diseñados con plumín y regla, cielos rápidos, planos, bidimensionales, como el cielo de una obra de teatro. Ello provoca que el aire sea veloz, aire de poco grosor, liviano y nervioso. Al aire le gusta Madrid, le gusta jugar entre los edificios, zigzagea entre ellos, sube y baja, lame esquinas. El aire en Madrid es caprichoso, hay calles a las que deja en paz, hay calles con las que se ceba. Puedes encontrarte con él al doblar un esquina, puedes descansar de él si escapas por la primera a la izquierda.

Pero sobre todas las cosas, el aire en Madrid nos deja un regalo precioso: limpia y nos limpia. Limpia la ciudad de su hongo y lo hace en silencio, sin levantar polvo, debe de usar aspiradora. Y a los habitantes nos limpia la cabeza, parece entrar por los oidos y limpiar nuestro cerebro, será que hemos de entrecerrar los ojos y nos entretenemos menos con el consumista entorno. Se lleva impurezas, malos pensamientos, pesares y desventuras, frustraciones, desamores, malos amores, rencores, remordimientos. Nos deja secos, limpios, somos trapos colgados al viento. 

Los aires de Madrid se llevan cosas, pero también nos traen otras. Estoy sentado, tranquilamente, metido en mi calle, metido dentro de mi cubículo dentro de esa calle, mirando por la ventana, que da a otra, enfrente mía, donde otra persona, también dentro de su cubículo, también dentro de la misma calle, supongo que observa desde la suya, la ventana por la que yo observo. Pero si miras con atención, en la ventana, reflejada, ves algo que hoy trajo el aire, una diosa.
 
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