Si no sabes como pasar la tarde de un domingo soleado, pásala en el servicio de Urgencias de la Milagrosa de ASISA.

por Fausto Lipomedes  -  23 Febrero 2009, 14:23  -  #Cosas de todos los días



Ayer, después de casi una semana con la pata arrastrada, se nos ocurrió, a mi chica y a mi, acercarnos a un hospital a URGENCIAS. Decidí que fuéramos a las urgencias del Hospital La Milagrosa puesto que es de mi sociedad ASISA, a la cual pago religiosamente su cuota. Bien, el periplo comenzó a las 13.30, y salimos del hospital a las 19.45, pero dejad que os relate el periplo. 

Llegamos, y a la recepción. Pregunta: ¿Cuál es el motivo de la urgencia? Respuesta: Tengo un desgarro en el gemelo derecho desde hace días, esta noche me ha molestado y esta mañana me he visto la pierna con mal aspecto.

Me dan un volante y me mandan a la sala de urgencias. Atiborrada de gente aburrida, un calor insoportable, como siempre menos sillas que personas y yo y mi chica llamamos a la puerta de urgencias. sale un celador, me manda pasar y me pregunta cuál es mi problema. Lo repito. Muy bien, me dice, espere en la sala.

La espera se prolonga durante más de dos horas, porque a las 15.30 le dije a mi chica que nos fuéramos. Ella que es más cabal que yo, me convence para que nos quedemos.  Ya habíamos cambiado de lugar varias veces y ya habíamos identificado grupos de personas por el espacio que ocupaban en la atiborrada sala de espera de las urgencias.

Paso, me atiende un médico que aparenta menos edad de la que tiene, y desde luego un tipo dedicado a su labor, pero con nula capacidad de organización del equipo de urgencias de esa tarde. No hace más que quejarse de la cantidad de gente que hay en urgencias.

Me mira la pierna, me dice que puedo tener un pequeño trombo (me acojono). Me dice que me van a hacer una ecografía, una radiografia y un análisis de sangre. Se va y viene una cría de 27 años (más o menos), de esas que te tratan como si fueras tonto. Cantarinamente, igual que habla una teleoperadora me dice: a ver un pinchacito en la barriguita y otro chiquitin en la mano. Me hace el de la mano para instalarme una vía. La molesta mi reloj, y le sugiero que me lo puedo quitar. Así hago.

Me mete la inyección en la tripita. Y me manda salir, con su voz cantarina. ¡Ale!, espere un poquito fuera. Salgo veo a mi chica, me ve toda la sala de espera con ese alarmante aguijonazo en la mano y el tubo dispuesto entre esparadrapo blanco. Acabo de adquirir el estatus de paciente de urgencias en la sala de urgencias sometido a tratamiento de urgencias a trompicones.

Apenas saludo a mi chica la cuento lo del trombito y su puta madre, me vuelven a llamar. Vuelvo a subir las escaleras y me meten en un box. Me llega la misma saltarina enfermera de 27 años con sus gafas de diseño de colores con tres botellitas de un líquido blanco. Oye, ¿esto qué es? la pregunto. Antiinflamatorio y analgésico para el dolor.

Se intenta ir y antes de ello le digo, oye una persona ha venido conmigo la podemos avisar. Bueno, sólo avisamos a los acompañantes de las personas muy graves. Además --añade--, sólo va a llevar 30 minutos esto. Se va.

Los treinta minutos se transforman en una hora y media, diré porque: Cuando se acaba la primera botellita, nadie viene a cambiar la botella del goteo. Tras esperar 20 minutos, que uno es educado y no quiere estorbar al servicio de urgencias, ya me asomo por las cortinas que salvan la intimidad del box y digo a dos enfermeras que charlan en recepción: Oye, creo que me tenéis que cambiar la botella. Una de ellas me mira no me dice nada, y oigo que le comenta a alguien fuera de mi campo de visión: A ver, hay que cambiar en el box 2". Me vuelvo a meter. A los diez minutos, aparece una altiva enfermera, también en la veintena. Hace el puto cambio muy digna y profesional ella, y añade, ¡Ale!, ya está. Se va.

Quince minutos más de goteo. se acaba, por allí no aparece nadie, oigo a las chicas hablar, gastarse bromas, hablar como a tontos a otros pacientes a mi alrededor, con sus asquerosos diminutivos: corbatita, culete, pongase de ladito, y esas mierdas.

Quince minutos después, vuelvo a avisar a un celador quemado que pasa por el pasillo, "oye creo que me tenéis que cambiar el goteo", el tipo me mira y asiente. Diez minutos después aparece la misma altivo de los 25 años y hace el cambio, ahora ya no dice nada. Se va. A los cinco minutos me doy cuenta de que el goteo no cae, no lo ha hecho bien.

De nuevo he de avisar: "Oye, creo que mi goteo no va". Vuelve una tipa nueva, revisa, y aquello empieza a caer.

Bueno, se acaba la botella y por allí no aparece nadie. Mientras ha entrado un señor, al que tienen que hospitalizar, y poca cosa más, excepto el servicio de urgencias pasando por los pasillos pero sin saber muy bien para qué, porque por allí no entra nadie. Vuelvo a avisar: Oye, creo que esto se ha acabado ya". Vale, ahora te lo quitamos, dice ya no me acuerdo quien.

Quince minutos después me quitan todo y me mandan para fuera.

Ahora viene una espera de unos cuarenta y cinco minutos, dos cafés con mi chica y un cigarrillo fuera, sin saber muy bien si te van a llamar o no durante el intervalo, pero me daba igual. Luzco mi vial en mi mano con esparadrapo, mi cojera y mi cara de hasta los huevos. El personal del hospital me mira sabiendo ya loq ue pienso. Vuelvo. El auxiliar de uniforme verde vocea mi nombre, voy tras él y una señora en silla de ruedas a la sala de rayos x. me hacen dos placas cuando me llaman después de estar esperando diez minutos en el pasillo. "Salga fuera y espere", me espeta una niña de 22. Vuelvo al pasillo, me llaman diez minutos después, me dan la radiografia, vuelvo a la sala de espera de urgencias, entrego la radiografia y 40 minutos más de espera.

En este intervalo un par de hombres pierden la paciencia, uno de ellos porque su mujer esta mareada y con un aspecto la verdad deplorable. El otro porque su hijo ha tenido un accidente de moto y ni siquiera le han hecho un escanner. Como solución les dicen que vayan a recepción, eleve una queja y que espere contestación de ASISA. Impotencia.

Me llaman, vuelvo a entrar sin saber si tengo que ingresar, me van a tener que cortar la pierna o me voy a pirar a casa. Entre a traumatología, me dice el médico. "No, en traumatología esta la monjita, dice una enfermera". ¡Ah!, pues entonces entre en el despacho que hay al lado y espere allí.

Entro, una mesa, una silla, un ordenador y dos sillas de confidente. No se donde sentarme. Espero tanto que paso por las tres sillas y acabo hasta sentándome encima de la mesa. Viene el médico me manda pasar a traumatología porque ya se han llevado a la monjita. Diagnóstico: bueno, de lo malo, tienes lo menos malo, tienes un pequeño esguince pero has de volver a hacerte una eco. Vamos a vendar esto, nada de deporte, no estés quieto pero estate en reposo. Vamos a verificar ese pequeño trombo, pero ya te digo, de lo grave lo menos grave.

El propio médico me venda la pierna. Ven conmigo al despacho. Le sigo, le suena el móvil. Llamada de quien parece una amiga apelando al corporativismo porque tiene a su madre ingresada. Se cuentan su curriculum, se identifican, yo espero, de pie, la pierna vendada, mi val en la mano.

Acaba. No sabe donde llevarme, acabamos apoyados en un pollete donde estan los historiales de los pacientes que hay en los boxes. Aparta unos papeles. Pregunta a que hora y cuando son las ecos musculares, el martes a las 10.00. ¿Era el pie izquierdo no? ¿Mi pie izquierdo pienso yo?, no el derecho, le digo. ¡Ah sí el derecho!, responde, eso me mosquea. Ten tu historial , tu radiografia y con esto ve a hacerte la eco. ¿llevo volante o algo? No no hace falta, ya avisamos desde aquí. Espera por favor, en el box número dos, que te vamos a dar dos inyecciones para que te pongas tu mismo cada 24 horas. me meto en el box, y empiezo a mirar mi radiografía, mosqueado por lo de mi píe izquierdo. 

Jajaja, no era mi historial, el médico aduce el error al exceso de trabajo. Bueno, ¿pero todo lo que me ha dicho es correcto o se ha basado en otro historial?. No no, es correcto, si es que claro, cuando hay tanto trabajo pasa esto. Se va, Una profesional de la sanidad, la de 25, me quita el vial. Oye, me ha dicho el medico que me tenías que dar un par de inyecciones. ¡uy, pues no se siq uedan!, me rio, se pierde en el almacén, sale con dos, que muestra sonriente, ¡Pues has tenido suerte!, me dice.

Salgo de allá sonriendo y ahora mismo me pregunto si en esa sala de espera quedarán pacientes de ayer.  
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