Tan inocente

por Fausto Lipomedes  -  6 Junio 2021, 19:45  -  #naturaleza, #inocente, #ciclo, #vida, #perpétuo

Mis golondrinas ya revolotean por los alrededores. Ya han abandonado el nido aunque todas las noches se apelotonan en él para dormir. 
Trinan desde que despunta el sol y su cantar se me antoja como si rieran y celebraran la capacidad de vivir que han descubierto hace pocos días. No paran, son inquietas y su existencia parece un juego divertido. Pasarán aquí parte del verano y no sé muy bien si se quedarán en los alrededores o decidirán explorar un poco, ya que dentro de poco ni vendrán a dormir a casa. Cuando hayan desaparecido, cuando se mezclen entre los centenares de pájaros del otero, habré de esperar a la primavera próxima para volver a verlas. Y no sé si dentro de un año volverán al nido los padres o si será alguno de los hijos con su pareja, que se habrá conocido lejos de aquí. 
No me gusta saberlo todo, ni siquiera de aquellos temas que me agradan, prefiero ir descubriendo yo las pautas, las rutinas, enfrentarme al hecho como el primer ser humano que lo observó o que gozó con ello, para, así, llenar mis suposiciones con mitos, con supuestos, con imaginación, para suplir la información de aquellos hechos a los que no encuentro la explicación. Prefiero una leyenda a una ficha técnica. 
Revivo en estos días mi primavera pasada, aquella en la que todos estábamos atrapados en casa y aterrados por la enfermedad y la amenaza de la muerte mientras veíamos brotar la vida a nuestro alrededor. Y no es que quisiera que volviéramos a aquella situación, pero un año después ¿qué ha cambiado? ¿Hemos modificado alguna conducta o hemos construido algo colectivo mejor de lo que teníamos? La respuesta es no, incluso diría que todo lo contrario, que nos hemos vuelto más ariscos y desconfiados. De hecho, sí que hemos aprendido algo, hemos crecido en nuestra agudeza para sobrevivir, y toda supervivencia lleva aparejado el exterminio del competidor. 
Somos así, no cabe duda de ello. Somos nocivos, una especie cruenta en continua tensión que parece estar calmada mientras no hay movimientos bruscos, mientras no hay relación entre nosotros, como una manada de zombis que permanecen de pie, unos al lado de otros, tranquilos mientras no haya ruidos ni estruendos. Somos torpes para el dialogo, para el intercambio de ideas y nunca pensamos con nobleza del otro, siempre con recelos, partiendo del hecho de que quien está enfrente quiere engañarte, estafarte o aprovecharse de ti. Hay, y conozco a algunos, seres nobles y hay, t también conozco a alguno, seres que no están dispuestos a la violencia, pero para ello, estos últimos, practican la indiferencia a través de las palabras, lo que esconde un gran egoísmo, cuando no un desprecio hacia los demás. 
No pensaba escribir estas idioteces, pero me han brotado estas palabras e ideas, e ignoro la razón. Quizás porque mañana sea lunes y, desgraciadamente, desde hace ya un tiempo, me aterran los lunes, o quizás porque ya se avecinan los cien días largos y calurosos del verano, los eternos y sedientos.  O quizás porque eche de menos la primavera pasada cuando todo lo que podía encontrarme era tan vital y honesto, tan tranquilo y tan tenaz, tan inocente. 

 

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