Paréntesis

por Fausto Lipomedes  -  25 Abril 2021, 13:27  -  #autoconcentración, #paréntesis, #parón

Ya estoy vacunado a medias. Bueno, quiero decir que me han administrado la primera dosis. Yo, que me negué rotundamente a que metieran en mi cuerpo líquidos extraños para prevenirme de una hipotética hecatombe vírica, he aquí que ya tengo el líquido dentro. He tenido un par de días con síntomas; básicamente un tremendo cansancio y un ligerísimo mareo. He preferido no estar muy atento a las disfunciones que el pinchazo me ha causado, pues al ser un gran hipocondríaco, no he querido obsesionarme, ya que estoy seguro de que hubiera acabado con graves trastornos físicos. Afortunadamente, todo esto ha sucedido a las puertas de un fin de semana, además lluvioso, lo que me ha permitido descansar, más aún teniendo en cuenta la meteorología. Hoy domingo llueve a chuzos, por lo que es placentero estar encerrado en casa oyendo al agua recorrer los tubos de desagüe en las esquinas de la construcción. 
Ayer sábado, y esta mañana también, he salido al campo a pesar de notar a mi cuerpo cansado. De hecho, ayer me lancé a hacer una pequeña carrera y lejos de tener que detenerme, como preveía, me sentí ligero y hasta fuerte. Hoy, con el cielo gris y chispeando, también he decidido salir. Al menos a caminar un rato, me he dicho, pero una vez dados un centenar de pasos, me he puesto a correr. No sé que mecanismo manda en mi cerebro con este tema, ni tampoco qué predisposición del cuerpo me lleva a la fatigosa acción de trotar. El caso es que me he ido más lejos de donde inicialmente pensaba llegar y la consecuencia es que a la vuelta me he empapado pues ha descargado un gran chaparrón de agua. 
El día va a estar así, lluvioso, y siento el silencio en mi boca, oigo mi respiración así como el ruido que provocan todos los pequeños movimientos que hago. Es como estar concentrado en uno mismo desde fuera. Es un estado neutro, un paréntesis de nada en el que lo único dinámico es el tiempo que transcurre. Me siento, cruzo mis piernas y me concentro para fundir mi cuerpo en esa postura, convertirme en piedra, en una figura de cemento que respira. Chorradas, me digo, pero al rato vuelvo a hacer un ejercicio de auto concentración. Me quedo quieto y me aprieto hasta convertirme en una silla, en un mueble, en un objeto más de los muchos que hay en esta casa.  No tengo ganas de percibir nada, sin ganas de observar  ni analizar, solamente estar y formar parte del todo. Chorradas de un domingo cualquiera o quizás cansancio, deseos de anonimato, de no ser nadie, de sellar tus labios y también tus ideas, de no volver a tener ninguna más, de parar el cerebro. Volverte inanimado, un trozo de madera, un cartón, un cubo de metal, eterno. Me he cortado el pelo, quizás porque mi hijo criticó mis cabellos hace unos días, cómo si se avergonzara de mí. No hay peor cosa que la de producir ese sentimiento en tu hijo. Todo esto, todo aquello me hace sentir un poco triste y no sabría cómo plasmarlo en un lienzo pues no siento ninguna necesidad de transmitir idea o sensación alguna. Únicamente quieto, así quiero estar, fundirme con el día como uno más de sus elementos, ser eso que no ves ni percibes, pero que forma parte del hecho, un elemento más de él pero sin nombre ni definición. Ya no me quiero mirar en espejos pues no reconozco la imagen que reflejan, no sé quién es quien me mira, qué piensa o qué pasos va a dar para ir, tampoco sé dónde. En fin, te echaré de menos. 

 

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: